Empieza el frío y los días son tediosos; parece que una boina oscura se ha parado encima de la Villa y todo se convierte en blanco y negro, todo está como congelado. Pero la vida sigue: entran en acción las matanzas. Las familias se preparan, acondicionan las estancias, acondicionan los cacharros matanceros y el trajín no para en las casas. Hay que comprar tripas, pimentón y demás salazones. Se repasa lo hecho el año pasado y se busca que no falte nada para el día señalado. Hay que ir a buscar el bidón para cocer calabaza, apartar patatas para las morcillas…, hay que avisar a la María Huerta y la Pespunte, para que estén preparadas a fin que los aliños queden como deben.

Los cochinos están a punto, la leña para cocer la calabaza también, helechos para quemar el guarro y afilados los cuchillos para que el Matarife se convierta en un auténtico cirujano. A la hora señalada comienza el rito, el banco está preparado, las sogas para hacer el columpio y entretener a chiquillería a punto, el café puro va de mano en mano humeante y bien de azúcar. El día antes se encendió la yesca para que la calabaza estuviera en su punto atizándola a última hora para que las brasas se puedan utilizar como barbacoa para las primeras catas.
Armado de cuchillos y con mandil para no mancharse con la sangre, se coloca el cochino no sin inmensos berridos y lucha contra los hombres de la casa y los vecinos que acuden a ayudar, la primera estocada y la sangre a borbotones se precipita humeante y caliente al baño grande de zinc, el mismo baño donde se nos baña todo el año. Cortes casi quirúrgicos, hacen las primeras disecciones y se saca la lengua, hay que llevarla a veterinario para que dé el visto bueno para el consumo del cochino y esperar a que llegue la noticia de que esta bueno, llega el sí entre aplausos de todos, mientras se prepara otro baño para echar las tripas, lavarlas y se comienza el despiece, salen las grasas, los tocinos, los hígados y el corazón que con sangre servirán para hacer las sopas de cachuela.

En la cocina se preparan los platos de porcelana para ir dispensando la “Prueba”, un rito importantísimo en la matanza que rememora tiempos pasados en los que en la Villa había una estensa colonia judía que contaba con Sinagoga y Aljama, tras la expulsión, los que se quedaron como Conversos tenían que demostrar que su conversión había sido real, realizaban la “Prueba” de cristianos nuevos mandando un poco de cada parte del cerdo a familiares, amigos y vecinos.
Elaborado el mondongo, hacer las morcillas salchichones y chorizos, los lomos bien embuchados en aceite y las líneas de producción trabajando a destajo, encordando los chorizos y morcillas, colgando todo en la púas que tienen más años que los viejos del lugar. La lumbre que sirvió para cocer las calabazas vale ahora para echar unos cachos de tocino y las puntas de los lomos, se ha preparado la sal para los jamones y se salan los tocinos y poco a poco la jornada va acabando, la boina de nube negra sigue posada sobre la Villa ya solo se nota la algarabía de los chiquillos que siguen montando en el columpio de soga y uno de ellos, el más afortunado, exhibe con orgullo el rabo que le ha tocado.

Pero la Villa sigue con su rutina diaria, las caballerías surcan las calles pisando los royos y regresan de las fincas con las cargas de leña y sobre esta leña, un buen puñado de nieve. En las sierras nieva y los altos brillan con los pocos rayos de sol que aparecen en el cielo, la escuela ha reanudado su trajín tras las vacaciones. Entre los vecinos sus diarias tareas y también el café, o por aquí no paso sin tomar un vaso, o las partidas de carta en la Nicolasa y el Dólar, las visitas a la iglesia. En las tertulias frente a la lumbre alguien dice: hay que ir preparando los Carnavales…

(Las fotografías han sido cedidas por Juan Carlos Gándara).













Estupenda descripción de lo que es una matanza tradicional extremeña. Toda una fiesta con participación familiar y vecinal, pues es mucho lo que hay que hacer para que todo el cerdo quede embutido en sus tripas correspondiente y así quedar aprovechado en su totalidad. Todo un ceremonial que años tras años se viene realizando en esta hermosa Villa del Valle de Plasencia. Como se le nota al cronista oficial sus conocimientos vallense y sus vivencias .