Es este tema capital en nuestra bendita España desde hace siglos, al de los cuernos en concreto hoy me refiero. Motivo de mofa y escarnio, cuando no de deshonra y tragedia, cualquier excusa es válida para traerlos a colación. A los ajenos me refiero, que los propios cada cual lidia con ellos como Dios le da a entender.
Legiones de mercenarios y graciosos varios han salido en tropel, respondiendo al toque de cornetín, para intentar deshonrar a los mismos que hace tres años aplaudían y elogiaban. Cuando todos estos escribidores actuales tomaron como válido el lema: “si el campo se para, la ciudad no come”. Los imprescindibles de entonces hoy se tornan a “turba violenta”, por obra y gracia de estómagos agradecidos y mal pagados.
Bien es cierto que hace un siglo don Miguel de Unamuno utilizó el término “cuernocracia” para definir a la oligarquía ganadera y terrateniente del campo charro de finales del diecinueve e inicios del veinte, no le faltaría razón. Rescatar ese término en la actualidad es no reconocer ni conocer la labor de los ganaderos contemporáneos.
Llegados al año de Nuestro Señor de dos mil veintitrés, más de doscientos cincuenta “cuernócratas”, poseedores de cornúpetas, se han reunido en la sala que al efecto ha cedido la institución ferial de Badajoz, IFEBA. A la una de la tarde, para poder ir antes a sus explotaciones ganaderas y atender a su principal, cuando no único, medio de vida y subsistencia.

Es digno destacar que la mayoría de ellos son penalizados por tierra, mar y aire por verse obligados a simultanear esta, su dedicación primigenia y principal, con otras, para poder responder a la infame cantidad de impuestos directos, indirectos y “mediopensionistas” a los que se ven obligados a hacer frente en este nuestro Estado de Derecho.
Centrándome en la “gracieta” del mercenario escribidor y de los tan traídos y llevados cuernos, más nos valdría preocuparnos de las cosas de comer y no de las zonas pélvicas ajenas. No estaría de más recordar aquello de: “Quien esté libre de pecado que lance la primera piedra”.
Llegan al aparcamiento y al bajarse de los coches de campo, se cambian las botas, extrañamente llenas de barro en un junio atípico y ruinoso, al tiempo que se meten los jarapales, para no ser farraguas, y toman las chaquetas dobladas en el brazo, siquiera sea para cumplir los deseos de sus parejas.
No les reciben los antidisturbios, aquí no hacen falta, pues no vamos a volver a enfrentar a padres e hijos por nadie ni por nada. Asisten todas las sensibilidades campesinas y a nadie se le pregunta, ni falta que hace, aquí nos conocemos y nos respetamos todos. Los unos y los otros unidos al final de la reunión por un objetivo común: salvar nuestro medio de vida de los intereses económicos ajenos.

Hartos ya de ser la materia prima y gratuita, cuando no onerosa, de los tejemanejes de los mal llamados empresarios públicos y que realmente son políticos y grupos de presión con interés económico y a riesgo cero.
Elogiando a los ganaderos, asociaciones, cooperativas, veterinarios, funcionarios y demás. Que todos son necesarios y dignos de elogio, cada uno cumpliendo con su labor tal y como es su obligación. Todos presentes o representados en esta magnífica sala, fiel reflejo de nuestra sociedad, fiel reflejo de nuestra Extremadura.












