Leyendo una revista, en la que hablaban de la presencia española en Filipinas, algo que siempre ha quedado en el rincón del olvido, citaban como uno de los grandes elementos que quedaron la construcción de una gran Basílica, la de S. Sebastián, toda de acero y hierro, cuyo diseño se basó en la de la Catedral de Burgos. Pero la sorpresa, fue todavía mayor para mí, cuando resulta que quien la diseñó y dirigió, fue un cacereño, Genaro Palacios Guerra, al que en algunos de los estudios sobre él, que he consultado le llaman el «EIFFEL» extremeño.

Esto nos lleva a dos aspectos, de este relato: por una parte, la herencia española que dejó en infraestructuras y economía, en todos los sitios en los que tuvo presencia. Herencia que nada tiene que ver con el paso de los ingleses o franceses, que en donde estuvieron, no sólo no invirtieron, sino que arrasaron y se quedaron con todo lo que pudieron.
Y por otra parte, el desconocimiento de los grandes personajes extremeños, que han ido dejando su huella en muchos lugares, como por ejemplo del que ya hablé en otra ocasión el emeritense José Pérez Terraza, uno de los arquitectos más importantes del modernismo catalán del que tan orgullosos están ellos, y sin duda con razón.
Y es que los españoles, y los extremeños, mucho menos, no hemos sido capaces de sacar partido y capitalizar todas las hazañas y obras que hemos ido realizando a través de la historia y nos hemos tragado todos los bulos y leyendas negras, que nos han encasquetado, quizás para desviar, precisamente, la atención de las grandes barbaridades, y esta vez, de verdad, que realizaron, quienes se los inventaron.

Una de estas historias, que más gracia me han hecho siempre, (además la de la paliza y la humillación que les dieron a los vikingos en Sevilla y Huelva) es el castigo, que unos pocos españoles les encasquetaron, a los samurais japoneses, que encima eran muy superiores en número.
No hay película o historietas de tebeo, y lo de las mangas ya es el remate, que no nos cuenten las hazañas de los samurais, y fue precisamente en Filipinas, en donde los soldaditos españoles, sin tanto aspaviento ni dramatización, los humillaron hasta el ridículo.
Manila, se convirtió por la presencia española, en un lugar estratégico para el comercio con los países asiáticos. Los comerciantes chinos, acumulaban allí gran cantidad de mercancías. Y esta riqueza, hizo que los piratas centraran su atención en ella.

El más famoso, audaz y temerario, de los piratas, era el capitán Tay-Fusa, porque además sus barcos, estaban dotados de cañones y armas de fuego. Este, atacó en 1582 por sorpresa la isla de Luzón y estableció una base en la provincia de Cagayán, en la punta más al norte de Filipinas. Su ejército era de más de mil hombres, samuráis sin señor, incluidos, y exigió un exagerado rescate al gobernador español a cambio de las vidas de los habitantes de la provincia, capturados en el ataque. Lo que no sabía era que nunca los españoles negociaban con piratas.
El general de la Armada, Juan Pablo Carrión se dirigió a la zona para desalojar a los piratas ladrones con una fuerza de ¡40 soldados!, y de ellos, la mitad indígenas mexicanos de Tlaxcala. (Esto nos muestra, una vez más, que España nunca hizo distinciones raciales, todos eran igual, vinieran de Extremadura, Castilla, o México) encima Carrión ni siquiera era un soldado profesional y tenía nada menos que 69 años, una barbaridad para aquella época.

Evidentemente, el fracaso, y la muerte de todos era lo esperado. Porque, la flota de Tay-Fusa superaba ¡a toda la armada española en Asia¡, pero Carrión, se subió a un barco y rastreaba las huellas enemigas desde el castillo de popa de su galera, que era la capitana de una flotilla de siete naves de escaso tamaño y mal artilladas.
Lo que los samuráis no sabían era que los españoles estaban acostumbrados a penurias, y guerras, y combinaban desesperación, disciplina, tradición militar, agresividad y capacidad de adaptarse a todas las circunstancias. Así es que cuando divisó a una de las embarcaciones enemigas, se lanzó hacia ella la abordó, estando su cubierta llena de piratas. Pero los 40 soldados manejaban las espadas de acero toledano, con maestría lo que produjo un gran desconcierto en los japoneses. El contraataque pirata no se hizo esperar, amparados en que eran más, asaltaron el barco español. Pero en el castillo de proa, formaron una línea combinada de picas y arcabuces, para minar a las indisciplinadas huestes que habían invadido el barco.

El propio Carrión cortó, de un sablazo, la driza (cabo con el que se suspenden o izan las velas ) del palo mayor para aumentar la cobertura de los españoles. Los piratas registraban muchas bajas y retrocedieron hacia su barco. Otro barco grande de los españoles, el navío San Yusepe , embistió la posición enemiga para barrer su cubierta. Y los españoles, empezaron a subir por el río, barriendo las cubiertas de los barcos piratas con disparos. Revestido casi por completo con una coraza, Carrión eligió un lugar en un recodo para desembarcar sus tropas. Allí ordenó cavar trincheras y situar la artillería a pocos metros de los cocodrilos, de modo que los españoles estaban ya fortificados, cuando Tay Fusa intentó aniquilarlos, sobre todo porque se negaron a pagarle oro, a cambio de que los piratas se marchasen y los dejaran a ellos vivos.
Entonces, comenzaron los asaltos, en el primero quisieron quitarles las picas, agarrándolas por las puntas, pero las habían untado con sebo, haciéndolas resbaladizas, precisamente para evitar que se las arrebataran, y les causaron muchas bajas.
Aún realizaron dos asaltos más, en los que el mismo Juan Pablo Carrión, estaba, con sus 69 años, en primera fila combatiendo con su espada.
En la tercera oleada consiguieron arrinconar a los españoles , sin apenas pólvora y con al menos diez bajas, parecía que el fin estaba cerca. Pero aguantaron como si estuvieran en perfectas condiciones. Los piratas lo desconocían y esta resistencia minó su moral, y huyeron perseguidos por los soldados. Murieron unos 800 piratas. Los samuráis con máscaras grotescas y armaduras pintorescas, incapaces de resistir, al coraje de los soldados y la calidad del acero toledano, fueron de los primeros en salir corriendo.

Cuenta un relato tradicional samurái, que en realidad, sus valientes guerreros fueron derrotados por unos demonios, mitad peces mitad lagartos, que llegaron en unos extraños barcos, tan negros como la noche. Y que salían furiosos del mar, por lo que era suicida atacarles, así es que por eso huyeron.

Pero volvamos a la Basílica de San Sebastián de Manila y a nuestro personaje cacereño, que la diseñó y construyó. Y el por qué, de tan extraña idea de hacerla de acero. En el lugar donde se encuentra, había habido, anteriormente, otros templos, uno de madera de 1651, se quemó totalmente, y otros de 1859,1863, y 1880 fueron destruidos, por tifones o terremotos.
Ante todo esto, y buscando una alternativa perdurable a esta iglesia, el párroco acudió al ingeniero y arquitecto Genaro Palacios Guerra, que esos momentos estaba en Filipinas, realizando diversas infraestructuras, pidiéndole una solución. Y esta no pudo ser más aparentemente alocada. El único material que aguantaría, fuego, terremotos, tifones y cualquier elemento, era el acero. Sorprendentemente aprobaron su propuesta. Ya había sido construido otro gran edificio en 1889, la Torre Eiffel, y este sería el segundo edificio construido en el mundo, totalmente de hierro y acero. Y para diseñarlo, tomó de modelo la Catedral de Burgos. Rápidamente se puso manos a la obra y la construcción comenzó en 1890. Importó nada menos que 52 toneladas de acero, desde una fundición belga hasta Manila, y con él creó la infraestructura, rellenando las paredes con una mezcla de arena, grava y cemento. El púlpito también se realizó en su totalidad en acero.

Para conseguir una mayor grandiosidad, se instalaron vidrieras importadas de Alemania, y el interior se pintó de tal manera, que pareciera realizado con mármol, y jaspe. También hicieron dos torres de 32 metros, en un estilo neogótico castellano, basado, en la catedral de Burgos, estilo de moda en esa época, como se aprecia en la fachada neogótica de la catedral de Barcelona que comenzó a construirse en 1906 .
Tal grandiosidad causó un gran impacto, y apenas un año más tarde de la inauguración, en 1891, fue consagrada Basílica por el Papa León XIII. Posteriormente fue considerada: Tesoro Cultural Nacional y Monumento Histórico Nacional y propuesta por Filipinas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco

Lola Luceño Barrantes, escribía en el Periódico de Extremadura un 5 de marzo de 2023, sobre «Genaro Palacios, el ‘Eiffel’ cacereño» y decía:
«Nadie es profeta en su tierra…, y menos en Cáceres. Posiblemente todo se deba a una desmemoria colectiva en una tierra humilde, donde, durante siglos, bastante se hizo con sobrevivir a las circunstancias y comer a diario. Pero lo cierto es que muchos grandes hombres han caído en el olvido».
Y tenía toda la razón.












