Según la Real Academia Española (aquella que atesora como lema: “Limpia, fija y da esplendor) la palabra suicidio, del latín “suicidium”, y éste del lat. “sui” (de sí mismo) y “-cidium” (cidio). Se define como acción y efecto de suicidarse o bien acción o conducta que perjudica o puede perjudicar muy gravemente a quien la realiza.
La palabra herejía proviene del griego y significa “realizar una elección particular frente al consenso de la comunidad”. Actualmente se define, en relación con una doctrina religiosa, como el error sostenido con pertinacia (obstinación, terquedad o tenacidad en mantener una opinión, una doctrina o la resolución que se ha tomado). Apostasía, heterodoxia, sectarismo.
La Junta de Extremadura acaba de publicar que por primera vez va a tratar a los familiares que sufren el duelo por un suicidio. Se reconoce, por fin, la importancia y la gravedad de las muertes por suicidio en nuestra sociedad, muy particularmente en nuestra Comunidad Autónoma.
Cada cuatro días una persona se quita la vida “motu proprio” en Extremadura. Habrá quien entienda que es un acto voluntario, puede ser, otros lo entienden como un pecado que ofende a Dios. En cualquier caso, gracias a los avances médicos y concretamente a los psiquiátricos se empiezan a conocer las verdaderas causas que comprende la etiología de esta auténtica plaga del siglo XXI.

Es primordial entender que cada una de estas muertes arrastra tras de sí la enfermedad de un numeroso grupo de familiares y amigos que, a partir del óbito traumático y agravado por las circunstancias, sufren un duelo extraordinario y fuera de toda norma social e incluso natural.
Si a ello se le suma la cerrazón religiosa de una casta de supuestos pastores, carentes de los más elementales principios de empatía y misericordia, se llega a la barbaridad, unida a la incomprensión y carencia de explicaciones, con un mínimo de lógica y razón. Llegándose, en ocasiones, a poner en duda el derecho humano, sino divino, de ser sepultado en camposanto.

Quien, por desgracia, ha sufrido el suicidio en carne propia, no una sino en varias ocasiones, tal es mi caso, empieza a plantearse la duda de la herejía o incluso la apostasía de una religión, la católica que, hoy en día, sigue considerando pecado lo que se define como consecuencia de una patología de etiología psíquica.
Eso o suicidarme, como acto de protesta y reivindicación de la memoria de mis muertos. Todos ellos, sin duda, nunca pretendieron ofender a Dios ni a nadie. Seguro que dentro de cinco siglos el Papa de turno, si acaso lo hubiera, habrá de pedir perdón apoyándose en los avances médicos y en esta ocasión, al igual que entonces, reconocer que los planetas no giran alrededor de la Tierra.












