Recién terminada la histórica goleada de La Roja a Costa Rica (7-0) y casi con agujetas de animar innecesariamente, salgo a la calle dispuesto a pasear. Tras la insistencia de mi “personal trainer”, o mejor dicho en español: entrenadora personal. Siempre implacable mi coach, gracias a ella he conseguido perder hasta ahora seis kilos de los veintitrés que me sobran. Difícil empeño (para los aficionados a comer) este de mantener, cuando no contener, la salud y la estética. Casi las ocho de la tarde y yo con ropa cómoda, dispuesto al sacrificio. Menos mal que encuentro a mi vecino, inquieto en el umbral de su casa y mirando el reloj que, oportuno y casualmente, me sirve de pretexto saliéndome al rescate. “¡Buenas noches, Juan Carlos!, ¿qué te pasa? Te noto intranquilo”.
Va algo retrasado, ha quedado a las ocho y media para presentar un libro histórico de José Luis Galache Cortés.
Solícito, me ofrezco a acompañarle, en un arrebato de necesidad cultural que supera ampliamente a la deportiva, ya televisivamente satisfecha. Mi mujer disimula y sonríe, percatándose de la jugada. Se apunta al instante y acompañamos hasta la residencia universitaria “Hernán Cortés” de la Diputación de Badajoz al morador contiguo.

Asombrado, compruebo gran afluencia de personas interesadas en el acto. No suelo frecuentar según qué ambientes y me congratulo por el autor. Educado, espera y saluda en la puerta, junto a mi vecino, a todos los asistentes. Grata sorpresa por lo inusual de la actitud y cortesía, al menos desde mi punto de vista y según mi experiencia en otro tipo de eventos.
Además, reconozco a Ricardo, quien hace las veces de anfitrión en sustitución del titular. Es lo que ocurre cuando se tiene un banquillo de buen nivel, tal es el caso. El director de la institución que hoy nos acoge nos da la bienvenida y presenta a los actuantes. Breve semblanza de la vida y obra de ambos, cariñosas palabras que posteriormente son reconocidas y agradecidas. Y el de la barba, con ese toque enérgico, audaz, serio e inteligente y con más kilómetros que la maleta de “El Fugitivo”, agradece y da la réplica añadiendo que, si bien es cierto que no le gusta que hablen de él, si es menester, mejor que sea para bien.
Comienza así una hora emocionante. Jamás pensé que me iba a interesar tanto un acto que empezó literario, tornó a histórico y jurídico, terminando emotivo. En la sala estaban varios testigos de los hechos narrados en la obra titulada “Transición: El caso Feria”. Varios diputados, protagonistas y testigos en las primeras horas del lamentable y luctuoso suceso.
El presentador brillante como de costumbre, el autor emocionado y satisfecho con el libro. Agradecido a la editorial y contundente al calificar su obra de veraz. Valor denostado en nuestros contemporáneos y tan añorado como imprescindible.
Destacar el prólogo en el que se disertó sobre los límites cronológicos de esa etapa fundamental de nuestra democracia que, anunciada como pacífica, discurrió realmente violenta y arriesgada. La ensalzada “Transición” que encabeza el título de este excelente trabajo y sitúa con precisión los actos que discurren el día de autos.
Reprimo las ganas de resumir el contenido de lo recopilado y documentado. En un ejercicio de contención y con ánimo de no hacer spoiler, entiendo que no he de adelantar la trama, si es que se puede denominar así, evitando de este modo destripar ni molestar a ningún futuro lector.

Y cuando iba terminando la intervención de ambos actuantes, mi vecino, que se encontraba a gusto, sin embarazo ni impedimento, propone un turno de preguntas del respetable. Es ahí cuando el señor Cabanillas levanta su ensortijada mano derecha y entre educado y tímido, una vez invitado a participar, toma el micrófono y al borde del llanto narra en primera persona lo ocurrido. Performance maravillosa que colmó ampliamente mis expectativas, me condujo a la congoja y un atisbo lacrimógeno.
Les recomiendo, sin ningún género de dudas, el libro objeto de la presentación titulado “Transición: El caso Feria”, del autor José Luis Galache Cortés e impreso por la Diputación de Badajoz. En él podrán conocer qué ocurrió en el último Consejo de Guerra por una víctima civil (a partir de este pasaron a la jurisdicción ordinaria, gracias al arduo trabajo del ya fallecido Agustín Menaya y el autor) además de saber de primera mano, por la calle de Atrás del pacense pueblo de Feria, qué es la memoria oscura de los coritos y por extensión de los extremeños.














Me gustaría comprar el libro