El sistema político español está lleno de imperfecciones y de matices, es decir, todo lo que hay se puede matizar e incluso se podría cambiar. Pretendo poner de manifiesto, que si se cambiaran algunas cosas o se modificaran, seguramente, las imperfecciones y los matices seguirían apareciendo. Porque no conozco ningún sistema político en el mundo que sea perfecto. Se pueden cambiar cosas, podemos ver los defectos que tiene el nuestro, pero seguramente si le damos la vuelta y lo cambiamos, volverían a aparecer imperfecciones, volverían a aparecer desafecciones, y volverían a aparecer dudas y matices.
Yo me atrevo con algunas certezas. La primera de ellas es que el sistema democrático actual, es la consecuencia del pacto, del acuerdo institucional llevado adelante a la muerte del general Franco en noviembre del año 1975. Gracias a ese pacto, la gente que nacimos en una dictadura estamos seguros que nos vamos a morir en una democracia. Se dice con unas cuantas palabras, pero la frase es de una profundidad enorme: nacer en una dictadura, sin libertades, y morir siendo libre. No todas las generaciones de españoles pueden decir esto.
¿Quiénes fueron los protagonistas de ese pacto, de ese consenso que se hizo a la muerte de Franco? Había tres grupos: los inmovilistas, es decir, aquellos que querían que después de Franco siguiera la dictadura como estaba. Estaban los reformistas, que querían reformar el régimen, no terminar con él pero si reformarlo para hacer ciertos cambios legislativos que lo hicieran más presentable de cara al contexto en el que nos movíamos, al contexto occidental; y estaban los rupturistas, que eran la izquierda y los nacionalistas, romper con el régimen anterior y recuperar el hilo que podía unirnos con la Segunda República. Por decirlo sencillamente, había dos bloques; los que habían ganado la Guerra Civil y los que la habían perdido.
Primera pregunta: ¿había más cercanía en 1976 entre los que ganaron y perdieron la Guerra Civil que la que hay ahora entre los distintos grupos políticos que conforman el espectro constitucional? ¿Había más cercanía entonces o hay más cercanía ahora? ¿Cómo fueron capaces de llegar a acuerdos entre la gente que perdió y ganó? Por poner ejemplo, ¿había más sintonía o más afinidad entre la Pasionaria y Carrillo con Adolfo Suárez y Landelino Lavilla?
Segunda pregunta: ¿Cómo fuimos capaces de llegar a un acuerdo que permitiera que los españoles viviéramos en paz y en libertad? La clave fue basar nuestras distintas procedencias en un sistema de exigencias y de renuncias. La derecha de entonces, la derecha franquista, la que renunció, para que pudiera llegarse a un acuerdo, porque los acuerdos sin renuncia no existen. ¿A qué renunciaron? Renunciaron a la dictadura. ¿Cuáles fueron sus exigencias? Sus exigencias se basaron en que su renuncia a la dictadura no podía significar un proceso político contra el franquismo. Esas fueron las exigencias y las renuncias de la derecha de la dictadura.
¿Qué exigió la izquierda? La izquierda de entonces, que era además, múltiple y variada (Partido Comunista, Partido Socialista, Partido del Trabajo, ORT, anarquistas, etc.), aceptó no echar una mirada para atrás sino para adelante. Por lo tanto, renunciar a un proceso político al franquismo. Y exigió un sistema de libertades públicas, un sistema democrático, elecciones libres, amnistía política, reconocimiento de los partidos políticos, reconocimiento de los sindicatos, en definitiva, un sistema democrático occidental.
¿Y los nacionalistas? ¿Cuáles fueron las exigencias de los nacionalistas que entonces eran PNV y Convergencia? Reconocimiento de los hechos diferenciales, de la lengua propia y descentralización política y administrativa. ¿Cuál fue su renuncia? No reivindicar la independencia.
Como ya pasó en la República, y está pasando en estos momentos, los nacionalistas de entonces y los de ahora, son los primeros en romper el acuerdo al que se llegó en el año 1976, mediante el pacto institucional de entonces.
Tanto la derecha de entonces como la izquierda clandestina prescindieron de sus alas más radicales. La derecha dejó al margen a quienes pretendían seguir con el franquismo sin Franco. La izquierda dejó fuera del acuerdo a la parte más radical que exigía un proceso penal y político al franquismo para enlazar con la II República. Exactamente ese camino y ese descarte es el que se debería seguir ahora para dar respuesta a los graves desafíos a los que se está enfrentando nuestro país y el mundo democrático.












