Ayer, en un programa de televisión, preguntaron a dos concursantes (adultos) quién era el autor de “En busca del tiempo perdido”. De las dos opciones, eligieron a Gustave Flaubert en clara demostración de que no tenían ni idea de que Madame Bovary era él y de no sé qué historia de una magdalena, la que contó Marcel Proust es del autor de «En busca del tiempo perdido». Ahora que me las he dado de listo y de leído, sigo.
Tengo delante un artículo de Daniel Pennac, aunque es reciente (de hace un año) trata de una pregunta que se hizo en su libro “Como una novela”, de 1992 que dice:
“¿Por qué los profesores ya no leen?”.
Y yo me pregunto:
«¿Treinta años después los profesores siguen sin leer? ¿Todos? ¿Unos sí, otros no? Y si leen ¿Qué leen? ¿Para qué? ¿Para como yo, decir que leen?
Leo otro artículo que dice que la calle Libreros de Madrid, “un clásico”, se está quedando sin libros. Ya solo quedan 3 librerías abiertas de las doce que había.
En una pequeñita, la librería “La Merced”, al lado del hotel Los Condes donde estuvimos un fin de semana, compré algunos libros de ocasión. Está casi enfrente de donde viven dos famosos, Olvido Gara más conocida como Alaska y Mario Vaquerizo. En uno de los muchos balcones del piso de los conocidos cantantes, tienen de adorno un flamenco rosa (creo que ahora hay dos) de felpa o de lo que sea. Alguien me contó que tienen dos pisos, en el de abajo viven ellos y el de arriba la tienen llena de libros.
Hasta ahora, esto de los famosos es lo más interesante de lo que he escrito hoy, lo sé. Y no es de ahora.
Recuerdo en un viaje organizado que hice por París hace veintitantos años, me hice amigo del guía turístico. En una visita guiada en autobús, nos estuvo enseñando el Sena, los puentes sobre ese río, el pan de oro que adorna el cielo de París, la Tour Eiffel, les Champs Elysées y demás. La gente de la excursión iba a lo suyo, hablando, mirando, haciendo fotos de vez en cuando, hasta que pasamos por el túnel del Pont de l’Alma, en la margen norte del río Sena.
Poco antes de llegar a ese puente, el guía francés que tenía acento de Cádiz, se levantó de su asiento, se me acercó y me dijo:
“Fíjate en lo que va a ocurrir dentro de unos cien metros, cuando nos acerquemos a aquel puente”.
Volvió a su asiento, cogió el micrófono y dijo:
“Ahora vamos a pasar por debajo del puente donde hace un año se mató Leidi Di mientras la perseguían unos paparazzi”.
Fue un escándalo. La gente empezó a gritar: “¿Por dónde? ¿Dónd es? ¿Por la derecha? ¿Por la izquierda? «Conductor frena, frena, que queremos hacer fotos”.
A la entrada del puente, donde había chocado el coche donde iba la famosa Lady Diana Spencer conocida como Leidi Di, se veían ramos y más ramos de flores. El conductor ralentizó la marcha, pero no pudo parar el autobús.
A eso se refería el guía: viendo monumentos de París (ni más ni menos) la gente se comportó razonablemente, cuando salió el nombre de la famosa leidi Di, hubo una animalización descontrolada inmediata. O eso me pareció y me parece a mí. No es que yo fuera ni más ni menos, pero me sorprendí mucho.
Parece como si ser una celebridad o famoso te pone un escalón por encima de los demás.
De Andy Warhol (de profesión famoso), es la frase: “En el futuro, todos serán famosos mundialmente por 15 minutos”. Será esto la vida.
Los profesores no leen. Da igual quienes son o fueron Flaubert, Proust, Pennac o Wharhol. O quién escribió qué. Las librerías desaparecen. Hasta no importa que un famoso no pague a Hacienda. Es famoso que es lo importante. Se le perdona todo.
Seguro que si ahora le preguntas a un niño qué quiere ser de mayor te dirá que famoso. Todo tiene sentido.
En 2023 seamos famosos. Anónimamente famosos. Leyendo, comprando libros. Total, nadie se va a dar cuenta.
Fin.












