Hace un año me hicieron un regalo de los caros, pero de los que merecen la pena: el número 272 de la revista de poesía, arte y pensamiento “Litoral” cuyo tema central era (y es) “La felicidad”.
Abierta al azar (al azahar) encuentro en ella que hay quién es feliz explicando la foto de una mujer desnuda, como hace el escritor Gustavo Martín Garzo.
Otros, como el filósofo Soren Kierkegaard -al que tanto nombran Faemino y Cansado para acabar sus historias-, dicen que “La gente se conforma con un nivel de desesperación que puede tolerar y le llama felicidad”.
Por no hablar del escritor Ambrose Bierce, del que en el gran libro “Antología del cuento norteamericano” seleccionado y prologado por Richard Ford, aparece su cuento (de Bierce) “Un suceso en el puente sobre el río Owl” (que hay que leer) dice que “La felicidad es la sensación agradable que nace de contemplar la miseria ajena”.
Y no, no es eso, pero pudiera formar parte de la condición humana contemplar la miseria ajena, siempre que estemos a buen recaudo y no nos salpique a nosotros, ¿eso es otro modo de ser feliz? ¿no?
Sin embargo en la revista no se habla de la canción de “La Cabra mecánica” que dice: “Felicidad, qué bonito nombre tienes, felicidad, vete tú a saber dónde te metes, felicidad, cuando sales sola a bailar y tomas dos copas de más, se te olvida que me quieres…”
Será esta acaso, otra forma de felicidad menos culta, pero más real.
El poeta Joaquín Pérez Azaústre la define mejor: “Alegría de ser y de sentirse/ más cerca del filo de una hoja/que del eco de todos los aplausos…”.
Ya lo dijo hace siglos algún filósofo: Intentamos ser felices, pero no tenemos ni idea de qué es la felicidad.
Otros dicen que la felicidad está en la búsqueda, otras en el camino. A saber.
A saber con qué es feliz cada cuál. Yo me conformo con poco, disfruto con mis libros y con la presencia de los míos.
O leyendo en mis Diarios que el once de agosto de 1982 fui a entrenar con el Imperio a la Isla y que al día siguiente jugamos en los Campos de la Federación contra el María Auxiliadora y perdimos cinco a cuatro. Mi padre se había hecho “socio” de la revista Selecciones del Reader´s Digest y me estaba costando terminar la lectura de “Por quién doblan las campanas” de Ernest Hemingway.
Soy simple y como decía un amigo en los años ochenta (noche ochentera la noche entera…) “sensillo, sinsero y consiso”, todo con ese.
Y una persona puede ser feliz mirando la sonrisa de un bebé, cuando le acaricia la cara una rayo de sol, al quitarse los zapatos al llegar a casa, escuchando chistes de Joaquín, viendo cómo su equipo de fútbol gana un partido, con las expectativas de un buen libro, sacando una sonrisa a los demás.
Ser feliz también puede ser tal y como aparece definidaoen el “Diccionario de ideas afines” de Fernando Corripio:
gozar, alegrase, contentarse, ufanarse, satisfacerse, prosperar, despreocuparse, confiar, exultar, tranquilizarse, asegurar y/o complacerse.
Yo lo soy buscando significados de palabras en los diccionarios. Exultar: mostrar alegría, gozo y satisfacción.
Que se note que me conformo con poco.
En definitiva -esto no aparece en la revista “Litoral”- ya lo cantaban con alegría las Azúcar Moreno:
“Si no quieres aguantar
y te quieres liberar,
una frase te diré,
solo se vive una vez.
Si no quieres discutir
y te quieres divertir
escúchame bien
Solo se vive una vez”
Fin.












