Las finanzas sostenibles han llegado para quedarse y cada vez hay más personas, especialmente los «millennials’, conscientes de que sus inversiones pueden establecer la diferencia. Según una encuesta de Morgan Stanley el 86% de los jóvenes están interesados en las inversiones sostenibles como una forma de generar retorno financiero y de impactar, de forma positiva, en la sociedad y el medio ambiente.
Invertir en sostenibilidad no es solo es materia de compromiso, sino que, esta opción cada vez más, agrega mayores criterios de rentabilidad financiera. Por otra parte, la pandemia ha ampliado la fortaleza de los criterios ESG (ASG en español) para ser más resilientes y productivos.
El peso de las finanzas sostenibles en Europa sigue un periplo paralelo al avance hacia la consecución de los ODS y los acuerdos de París y Glasgow. La certeza de los inversores en la rentabilidad de las inversiones sostenibles en Europa ya se ha dejado sentir, por ejemplo, en el crecimiento de los fondos de inversión que actúan en el continente bajo criterios ESG y que, según la Asociación Europea de Fondos de Inversión y Gestión de Activos, aumentaron en 2020 su patrimonio conjunto un 37,1%, hasta los 1,2 billones de euros. Desde 2016, su volumen de activos gestionados ha crecido un 197%.
El sector financiero, apoyado por una potencial demanda y por la regulación que viene, ha venido desarrollando cada vez más productos que incorporan los factores ESG, movilizando una parte de su cartera en esta dirección.
Además, no han dejado de emerger diversos estudios que sustentan que las compañías calificadas como sostenibles son más resilientes, y que esta menor volatilidad les permite reducir el riesgo y obtener una rentabilidad promedio superior a la del mercado.
Regulación para alcanzar la sostenibilidad de las finanzas
La Unión Europea estableció, en 2018, la primera Estrategia sobre Finanzas Sostenibles. Esta pasaba por ser una hoja de ruta para potenciar el papel de las finanzas como vector de cambio del tejido productivo europeo, con el objetivo de alcanzar un modelo económico más sostenible. Esta Estrategia fue actualizada en julio de 2021.
La estrategia del año 2021 se divide en cuatro áreas principales de actuación:
1ª) Reforzar las herramientas y políticas para contribuir a la transición hacia una economía sostenible y alcanzar los objetivos ambientales.
2ª) Mejorar la inclusión de las pequeñas y medianas empresas (pymes), los consumidores y los inversores minoristas en las finanzas sostenibles.
3ª) Aumentar la resiliencia del sistema financiero para que contribuya a los objetivos del Pacto Verde Europeo, a la vez que se logra reducir el greenwashing.
4ª) Promover una agenda de finanzas sostenibles global.
Retos de las finanzas sostenibles
El resurgimiento de medidas regulatorias y el aumento de las exigencias de los principales stakeholders, supone uno de los mayores retos a nivel transformacional para las compañías.
Cumplir en tiempo y forma con las exigencias de reporte, así como el alineamiento de las carteras, el acrecentamiento de indicadores de desempeño y la creación de un sistema de governance con toma de decisiones en materia ESG, son algunos de los principales objetivos que se derivan de este contexto.
Por su importancia a nivel disruptivo, cabe resaltar la creación en 2015, a petición de los líderes del G20, de la llamada Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD). Este Grupo de Trabajo ha enfocado sus esfuerzos en que las divulgaciones financieras relacionadas con el clima sean consistentes, fiables y claras.
En 2017 la TCFD publicó sus recomendaciones en torno a cuatro grandes áreas: gobernanza, estrategia, gestión de riesgos, y objetivos y métricas, que, aunque inicialmente estaban dirigidas al mercado financiero, rápidamente se dirigieron a la totalidad del mercado empresarial, suponiendo uno de los principales marcos de reporte del desempeño climático de las organizaciones.
Los criterios ASG (ESG en ingles) hacen mención a una serie de factores que nos indican cómo se llevan a cabo las actividades empresariales. La definición de cada uno de estos criterios es la siguiente:
A de Ambiental: hace referencia a las acciones que realizan las organizaciones y que tienen un impacto medioambiental, tanto directa como indirectamente.
S de Social: este criterio tiene que ver con aquellas prácticas empresariales que afectan a la sociedad. Aquí debemos fijarnos en los valores corporativos de la empresa y cómo llevan a cabo su cumplimiento: los derechos de los trabajadores, las condiciones salariales, la diversidad e inclusión en la empresa y otros aspectos del entorno social como garantizar la satisfacción de los clientes.
G de Buen Gobierno: corresponde a la gestión de la gobernanza, transparencia y administración de la empresa; a los criterios que siguen las organizaciones en sus normas y procedimientos.













Muy interesante, Juanma. Gracias.