Se abre un plano de gran angular en un despacho amplio e iluminado. La cámara, sigilosamente, se acerca a Garamendi que muestra su rostro ensimismado, altivo y egocéntrico. Un traje gris Óxford, arma su distinguida prestancia, mientras su mano estilizada rubrica un contrato, con subida incluida de un nueve por ciento, sobre una mesa de caoba. De rodar este plano, Woody Allen seguro que hubiese gritado: “¡Corten!” A reglón seguido hubiese musitado: “¡Es ver al Presidente de la Patronal firmar un contrato de cuatrocientos mil euros y me entran ganas de autorizar la guillotina en España!”. Ya saben que Allen es un tremendista. Seguro que le vemos en Sevilla en la entrega de los Óscars junto a Feijóo y también tiene algunas palabras para él.
Ya hay que ser productivo para cobrar esta pasta gansa, pero no les quepa duda que Garamendi lo es. Los ingresos que han recibido los empresarios por la vía de los fondos europeos así lo atestiguan. Había que estar en la firma, y estuvo. Había que firmar el pacto de los ERTEs, para salvar miles de empresas con dinero público, dando un paso decidido y ahí estuvo el tío, había que apoyar al transporte con más dinero público y no podía negarse. Mientras, otros patriotas se oponían a los fondos europeos, a los ERTEs y a cualquier decisión gubernamental. Hasta lloró en una asamblea de empresarios porque la derecha no comprendía todos sus esfuerzos. Como si ir de falso autónomo en la CEOE no fuese un sacrificio, como la de miles de falsos autónomos que han puesto la camioneta, la gasolina, sus vacaciones, las averías y el pago a la seguridad social al servicio de una empresa. Una reforma laboral que él no apoyó, iba a poner en riesgo la estabilidad de las empresas.
Claro que Garamendi se gana su salario con su esfuerzo diario. ¿Cómo negar que es de esos españoles que madrugan? El mercado de trabajo es tan poliédrico que el patrón de los patrones debe estar sobresaltado en mil frentes abiertos. Si no asiste a una reunión del Dialogo Social para subir el SMI a 1080 euros, es porque un Gobierno traicionero no le ha mandado la propuesta de subir cuarenta euros para el 2023. ¡Así no se puede ser productivo! Luego, están los sindicatos de clase con la barrila de subidas parejas a la inflación y no se dan cuenta que tampoco es el momento de acometer la firma de miles de convenios, porque entonces él deja de ser productivo. Y es que en España lo que hace falta es gente con ganas de trabajar, que no la hay. ¿O se encuentran camareros con facilidad? Y no me vengáis con cuentos de los salarios porque hasta Ayuso se gasta dinero público en fomentar las propinas para estos trabajadores.
Y es que alguien tiene que poner orden en un sistema y con un gobierno que no deja de intentar regularizarlo todo. Subir salarios en un contexto de inflación es favorecer la propia inflación y que galope alegremente. O nadie se da cuenta que los trabajadores deben hacer otros esfuerzos que favorezcan sus rentas salariales para llegar a fin de mes. Siempre con la única matraca de subir salarios. Por ejemplo, puedes alquilar alguna habitación para compartir vivienda en Mil Anuncios. Puedes utilizar el transporte público gratuito. No se te van a caer los anillos por hacer más sostenible el mundo dando una segunda oportunidad a tu ropa usada, vendiéndola en Wallapop.
Aprovechar los viajes comerciales para hacer algún Bla-Bla-Car hay que verlo como oportunidad. O esa bicicleta que regalaste a tu hijo, ponte a pedalear con “El Glovo”, que luego bien que pagamos gimnasios para mantener el tipo. Esto, según la teoría marxista, son rentas salariales que pasan desapercibidas pero que son lineas de negocio que trabajo le cuesta propiciar a ideólogos neoliberales como el pobre de Garamendi.
Garamendi es uno más en esa complicidad mancomunada para hacer de la precariedad un orden perfecto. A pesar de sus esfuerzos por contener los salarios, siempre hay respuestas colectivas como las trabajadoras de Inditex que han conseguido un salario mínimo de dieciocho mil euros en todas las comunidades autónomas, más una serie de complementos. El problema lo tendrá ahora Garamendi para explicar cómo una conquista social ha supuesto a esta marca una perdida de cuatro mil millones de euros en bolsa. Cuando a los trabajadores les da por hacer sindicato en una empresa, buscando una solución colectiva, y dejan de ir al psicólogo para encontrar una solución individual, medicalizada, entonces el cambio de foco es el acertado.













Maravilloso escrito…, muy lucido y certero….Poderes económicos que luchan sin descanso para defender sus ideales neoliberales, que ponen como centro del PODER el NEGOCIO LUCRATIVO, y que manejan los hilos de la derecha, nombran sus líderes, Feijóo en nuestro caso, pero igual en otros países como el otro día decía la ex Primera Ministra de Reino Unido que a ella la desplazó de su puesto EL PODER ECONOMICO…
Miguel, si no existieras, habría que inventarte…
Gracias, amigo. Participamos de los mismos valores. Un abrazo.
Pero si hasta el jefe es un falso autónomo. ¿Qué se le puede pedir a la CEOE?
Me gustaría saber cómo liquidaba los ingresos a Hacienda ¿?