Etimológicamente hablando, es un préstamo (siglo XV) del griego aristokratía “gobierno de los mejores”, formado a partir de áristos “el mejor” y krátos “fuerza”, “poder”. En la época de la adquisición del préstamo “mejor” es equiparado a “noble”, como clase dirigente. La acepción “clase noble” surge por metonimia.
La Aristocracia es la forma de gobierno en la que el poder está en manos de los nobles y las clases sociales altas, desde el punto de vista económico e intelectual. Formada por personas que poseen títulos nobiliarios concedidos por el rey o heredados de sus antepasados.
También denominada nobleza, grupo de personas que destaca en excelencia entre los demás por alguna circunstancia. Estrictamente y con permiso de Aristóteles, la oligarquía surge cuando la sucesión de un sistema aristocrático se perpetúa por transferencia sanguínea o mítica, sin que las cualidades éticas y de dirección de los mejores surjan por mérito propio.
Llegados a este punto de mi disertación les anuncio que mi pretensión no es otra que diferenciar la necesidad de tutelaje en el medievo, por diferentes circunstancias bélicas, religiosas y culturales, con respecto a la actualidad.
Entiendo la democracia y la meritocracia como el único sistema político plausible y posible en pleno siglo XXI.
Con sus ventajas e inconvenientes o fallos incluso. No cabe otra opción, al menos de las hasta ahora ensayadas e inventadas y aun así más de dos terceras partes de la humanidad sigue bajo el yugo esclavista de las dictaduras políticas, militares e incluso religiosas.
Es por ello que me permito sugerir un merecido y auténtico nombramiento aristocrático. Aunque sin duda es una paradoja “per se”, pues apoyo a Josep Borrell Fontelles como Grande de España. Por méritos propios y especialmente por su defensa a ultranza y valiente de los valores de las democracias occidentales.
Desde el día 1 de diciembre de 2019 ostenta el cargo de alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Es además vicepresidente de la Comisión Europea, en el ejecutivo comunitario de Ursula von der Leyen. Es en este puesto de representación europea donde el veterano político ilerdense clama y urge a todos los países occidentales para que apoyen a Ucrania.
Genial me pareció cuando en esta última cumbre de la OTAN declaró que, además de los múltiples aplausos y ovaciones a Volodímir Zelenski, no estaría de más enviar de manera urgente armas y municiones a Ucrania. Si bien me considero pacifista, primero soy y pretendo continuar siendo ser vivo y libre. Aunque sólo sea por instinto, nuestra obligación es salvaguardar y defender la vida.
Este sí que es un Grande de España y no aquel que se nacionaliza emiratí para evadir el pago de impuestos, máxime teniendo en cuenta que durante toda su vida ha estado viviendo de ellos, a cuerpo de rey.












