Como si de un ejército se tratase, así avanza el enemigo de los cérvidos y bóvidos. El mosquito, el animal más letal de la tierra, avanza valiéndose de su superioridad numérica y su difícil aniquilación; con una visión prodigiosa, aunque le basta con el calor corporal y el dióxido de carbono que se exhala al respirar, para guiarle hasta su víctima.
Tras más de cuarenta y cinco millones de años sobre la faz de la tierra, más de setecientas mil personas cada año (según la Organización Mundial de la Salud) fallecen por su letal actividad y, gracias al cambio climático, cada vez con más facilidad conquista nuevos territorios.
Es el enemigo a batir en esta lucha desigual en medios y en número de combatientes, como sucede en la mayoría de las ocasiones el conflicto es complejo y al tiempo se reduce a la eterna cuestión, unos y otros pelean por su propia supervivencia.
Las nubes de mosquitos comunes (Culicoides) contagiando, tal es su necesidad, al tiempo que intentan sacar adelante a su prole y el virus de la enfermedad hemorrágica epizoótica, el de la lengua azul y otros, vehiculados en esta suerte de drones naturales e imparables que se expanden de manera inexorable.
Mientras que los cazadores, ganaderos y veterinarios libres u oficiales, hacen lo que buenamente pueden frente a la expansión de la mortandad en la cabaña cinegética y bovina, la Administración regional y nacional se encuentra disfrutando de sus inmerecidas vacaciones.
No es de recibo que, ante la situación de crisis actual, unos que se van y otros que acaban de llegar, se dediquen a retozar en las playas de la costa y hayan dejado a su suerte a los perjudicados y a sus rebaños, como si se pudiera esperar a mediados de septiembre para iniciar una batería de acciones que tiendan a minimizar la segura derrota.

Es desesperante ir explotación por explotación, finca por finca, visitando animales enfermos, cuando no muertos y escuchando la unánime queja de los propietarios. Todos afectados por esta grave y eterna enfermedad española que es la desidia de una Administración inútil por ineficaz, tarda en reflejos y carente de ilusión.
Sin más objetivos que los individuales y obsesionados con el bienestar propio o la conciliación familiar, entendida como herramienta para trabajar el mínimo número de días y horas posible y por supuesto, sin ningún control de calidad en los servicios al ciudadano.
Bien haría la recién nombrada consejera de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible de la Junta de Extremadura en tomar las riendas y reclamar a todos los veraneantes que se pongan a trabajar; tiempo habrá para descansar cuando se haya logrado algún provecho.
Es inaudito para el común de la población que los representantes electos y los llamados a ser los directores o gerentes de las diferentes áreas hayan tenido dos únicas preocupaciones desde hace ya más de setenta días: la primera su sueldo y la segunda irse de vacaciones apenas han tomado posesión de su cargo y algunos, incluso, antes de tomarlo.
Mientras tanto, cazadores, ganaderos y legiones de mercenarios sanitarios, con sus uniformes verdes atienden a los enfermos y atacan al enemigo, además de informar a los servicios oficiales de las Oficinas Veterinarias de Zona que, pacientemente, esperan a que alguno de los numerosos “abnegados” electos tenga a bien pronunciarse.
La situación nacional actual bien podría asemejarse a aquella otra, hace ya más de medio siglo, cuando mataron a Che Guevara en la escuelita de La Higuera, en la cordillera boliviana. Al preguntar un periodista a un cabrero qué opinaba de la revolución la respuesta fue lapidaria: “Yo sólo sé que, desde que llegaron los guerrilleros, mis cabras no dan leche”.












