En su discurso de final de año, la presidenta del Gobierno de Extremadura, María Guardiola Martín, apelaba al diálogo de todas las fuerzas políticas para afrontar los retos que nos depara el futuro. Parece que este mensaje, cargado de buenas voluntades, no ha calado en la consejera de Salud y Servicios Sociales, Sara García Espada, que ha declarado una guerra abierta contra la ministra de Sanidad, la comunista Mónica García, a tenor del uso o desuso de las mascarillas y su obligatoriedad en hospitales y centros de salud. Como se sabe, desde el miércoles es obligatorio el uso de mascarillas en estos establecimientos sanitarios, si bien la ministra ha relajado en los últimos momentos la obligación, que pasará a recomendación en aquellas Comunidades Autónomas que en dos semanas bajen la incidencia acumulada de casos de gripe y covid-19.
Y, sinceramente, no entendemos cuál es la polémica inventada por la consejera extremeña, que dice estar dispuesta a llevar a los tribunales al Ministerio de Sanidad, cuando se trata de un asunto de fuerza mayor y desde el Ministerio lo único que se pretende es evitar que los casos de gripe y covid-19 sigan disparándose y disparatándose día tras día.
Más bien parece que Espada busca la confrontación y un plus de notariedad, anteponiendo sus intereses personales a los intereses de los extremeños. En una Consejería tan delicada como la de Salud no se puede andar jugando con aspirinas efervecentes sino pensar en la generalidad de los extremeños.
Que es un fastidio tener que usar la mascarilla estamos de acuerdo pero parece que no hemos aprendido nada con respecto a una pandemia que dejó miles de muertos solo en España y que podría reproducirse si los políticos, en lugar de enfrascarse en guerras cainitas, no ponen de su parte y de los recursos públicos para evitarla. Lo que sí está claro es que la pandemia llegó para quedarse y tendremos que aprender a convivir con ella, con mascarillas, con geles hidroalcohólicos y con cuantas medidas de higiene sean necesarias para combatir este mal.
La consejera extremeña de Salud hace bien en pelear partidas presupuestarias con Mónica García, todas las que sean necesarias y que beneficien al conjunto de la sociedad extremeña, pero mal empiezan las relaciones de ambas si a la primera de cambio la extremeña le sacude una patada en las espinillas. Espada debe reflexionar sobre el mensaje que ella y su departamento están trasladando a la sociedad regional, pues es más fuerte, sin duda, el ruido mediático nacional que el regional por mucho que los share en Extremadura estén subiendo.
Espada tiene que replegar velas y no portarse como una niña mal criada a la que le quitan su muñeca de trapo y convenir con el Ministerio de Sanidad sobre la necesidad de utilizar las mascarillas o tapabocas para controlar enfermedades de transmisión que son letales de no ser tratadas convenientemente. Una guerra abierta con el Ministerio no conduce a ninguna parte que no sea al desastre.












