Que la Unión Europea y España han tomado la delantera en la fabricación de esta energía, parece ser una evidencia; nuestro país, acapara el veinte por ciento de proyectos de hidrógeno renovable, tan solo detrás de los EE.UU. Que Cáceres cuente con el Centro Ibérico de Investigación en Almacenamiento Energético es un catalizador de un proyecto que en una década será una realidad, sin olvidar que entre Cáceres y Plasencia encontramos los grandes parques fotovoltaicos en la zona de los Cuatro Lugares: Santiago del Campo, Hinojal, Talaván y Monroy. Bien es verdad, que Plasencia lleve once años de retraso en la estación de alta velocidad y en su plataforma logística, que limitarán actuaciones. Y hay culpables.
Pero hablemos de la oportunidad del Hv. El Estado ha realizado una apuesta lógica en el trazado del hidrógenoducto, que cuenta con la mayor inversión de fondos europeos en el trazado Almendralejo-Zamora-Gijón y que posiciona a Extremadura para atraer inversiones, puesto que tenemos una potencia renovable, con ritmo de crecimiento exponencial, ofreciendo un cuarenta por ciento de agua embalsada del total nacional.
Por Extremadura, pasarán más de cuatrocientos kilómetros de este conducto; un catorce por ciento del total nacional, siguiendo el trazado troncal gasístico actual y el de la propia Ruta de la Plata. Todo parece indicar que Extremadura se ha posicionado en tiempo y forma. Extremadura y en especial el Norte poseen las dos condiciones imprescindibles: las energías renovables y el agua.
El Gobierno extremeño ya tiene aprobado un decreto, declarando de interés general la producción de Hv en nuestra región. La compañía extremeña Alter Enersun se ha unido a Cepsa y Enagas, en el proyecto de construcción de una planta solar para suministrar electricidad y acometer el proceso de electrolisis del agua; es decir, descomponerla en hidrógeno y oxigeno. Un proceso costoso pero esencial para acometer la descarbonización y facilitar la independencia energética con respecto a combustibles fósiles y de países como Rusia.
En el año 2050, una cuarta parte de la energía consumida deberá ser un combustible como el hidrógeno verde. Bien es cierto que quedan años para una demanda a escala del hidrógeno, influyendo factores como la bajada de costes de las renovables o su nivel de producción, pero la anticipación siempre premia a los mejor posicionados.
Extremadura dejaría pasar una gran oportunidad si solo fuera territorio de paso del Hidrógeno. Posibilitar escenarios para aquellas empresas que por responsabilidad social apuesten por un combustible con una huella nula de carbono, deberá ser una exigencia. La implicación de la Universidad de Extremadura, el empresariado extremeño y la adaptación del mapa de la formación profesional a las cualificaciones relacionadas con esta nueva realidad será una premisa indispensable. Los ingenieros, químicos, encargados de montaje de instalaciones y mantenimiento, los expertos en movilidad o sostenibilidad no se pueden improvisar.
Para evitar ser tierra de paso, hay que agilizar los plazos en la linea de alta velocidad y en zonas como el Norte de Extremadura con sus comunicaciones en fondo de saco, habrá que definir si hay voluntad política para afrontar cuanto antes la linea ferroviaria de Plasencia-Salamanca. Su reapertura para el 2050 es una risotada. Los Gobiernos deben comprometerse en levantar 130 kms para el 2035 porque es estratégica y significa una inversión mínima para los efectos multiplicadores de su puesta en marcha.
Su necesidad es incuestionable; para nuestra comunicación con el norte, para romper el carácter radial de nuestros ferrocarriles y para ser un medio de transporte de viajeros y mercancías para las empresas que quieran invertir en nuestras comarcas. El binomio hidrógeno, como fuente de energía limpia y transporte por ferrocarril, sería el mejor polo de atracción para empresas.












