Qué sensible el mando a distancia! Lo tenía encima de la mesa del salón. A mi vera. Sin darme cuenta, puse encima de él el libro que estoy leyendo: “La carta de Newton” de John Banville. Se ha encendido la tele. Se ha puesto automáticamente Antena 3. Hablaban de un tal Froilán. El joven estaba en una especie de club de alterne o un after o las dos cosas. Qué más da. Parece que eso es importante. Parece ser que aparte de Froilán ahora lo llamarán “De Todos Los Antros” . Eso dijo uno de la tele.
Yo estaba leyendo en la novela de Banville que Newton, con poco más de veinte años, “resquebrajó el código de la manera en que funcionaba el mundo. Inventó él solo la ciencia: antes de él todo había sido brujería y sueños sudorosos y brillantes errores”.
Froilán también tiene poco más de veinte años. Los mismos que Newton cuando trabajaba sobre la naturaleza de la luz y la óptica. Lo mismo gracias a él puedo llevar gafas.
A esa edad, veintitantos años, está bien ir de fiesta mientras el cuerpo aguante. Quién no se ha ido de fiesta a esa edad. Yo salía. Con mi dinero. Lo había ganado muchas veces sin siquiera estar dado de alta, sin seguro de accidente, sin Seguridad Social, paro ni cosillas así. La vida, que te trae y te lleva.
Newton, allá por 1687, hace cerca de trescientos cincuenta años, cuando definió las leyes de la gravedad, “barrió el mundo entero para limpiarlo de gigante y otros duendes”.
Leo por ahí, en una revista del corazón, que Froilán “no es un chaval que salga barato, su presupuesto no puede bajar de doscientos o trescientos euros cada noche ”. Me toca hacer demagogia preguntando quién pagará todo.
Da igual, de aquí a tres o cuatro días alguien o algo hará que lo olvidemos. Tan trascendental para nuestras vidas no es la vida de Froilán.
En las teles y demás medios de (in)comunicación no se habla de Newton, menudo aburrimiento. Quizás el mundo entero se está volviendo a llenar de gigantes y otros duendes.
No. No tienen nada que ver Newton y Froilán. Ese nombre, Froilán, es como si fuera un producto “de consumo”. Leo que “su mundo es un mundo de gente vip, que no escatima a la hora de invertir en el ocio cuando y como les apetece». Newton no. No invirtió en ocio.
Es tan raro todo que hasta una novela sobre Newton hace funcionar los mandos a distancia.
Y no pasa nada. Y la vida sigue.












