El nuevo arzobispo coadjutor de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, monseñor José Rodríguez Carballo (fray José, como prefiere ser llamado), y que tomó posesión de su cargo este sábado pasado, día 25 de noviembre en Badajoz, presidiendo su primera Eucaristía en Mérida el domingo 26, se va a encontrar una iglesia robusta, en cuanto a número de fieles y patrimonio. A pesar de que la falta de vocaciones se está supliendo con sacerdotes hermanos llegados del otro lado del charco, hay un movimiento asociativo juvenil muy fuerte en las tres diócesis de la región, lo que da esperanza para que la Iglesia no vea mermada su influencia a nivel social y sacerdotal.
Económicamente tampoco está mal la cosa, gracias al arzobispo emérito Celso Morga, al que llegamos a tildar, siempre de manera cariñosa, el «curita pedigüeño». Y es que, monseñor Rodríguez Carballo tiene que saber que la Archidiócesis mantiene una muy buena relación con la Junta y las Diputaciones Provinciales en materia de conservación del patrimonio. De hecho, a monseñor Celso Morga se le calentó un día la boca y dijo que la Junta y el resto de las Administraciones no aportaban lo suficiente para cuidar este rico patrimonio, y al día siguiente se desdijo previo pago de un cheque de 200.000 euros de la Diputación de Badajoz.
Pero, fuera de asuntos económicos que se irán viendo cuando toque, un debe que no han sido capaces de resolver los tres arzobispos anteriores a Rodríguez Carballo (Montero Moreno, Aracil y Morga), ha sido la pertenencia de la Puebla de Guadalupe a la Archidiócesis de Toledo. Resulta del todo insultante que la Patrona de Extremadura no esté incardinada en la Diócesis de Plasencia, más siendo como es Patrona de nuestra región. Que cada 8 de septiembre venga el arzobispo de Toledo y primado de España a presidir la Eucaristía hace que nos hierva la sangre, por mucho que se concelebre la misa con los prelados extremeños.
La Puebla de Guadalupe pertenece administrativamente a Extremadura, por lo que debería hacerlo eclesiásticamente también. Monseñor Celso Morga dijo hace ocho años, cuando accedió al cargo, que se «podría estudiar» con Toledo el traspaso a Extremadura, pero todo quedó en un canto de sirenas. No hace muchos meses que dijo que, para evitar un conflicto, la Puebla de Guadalupe perteneciese al Vaticano directamente, pero fueron nuevos cantos de sirena.
Ahora, el que tiene la patata cliente es monseñor José Rodríguez Carballo, al que deseamos todo tipo de parabienes en su nuevo cometido, pero ha de saber, por si no se lo han dicho todavía, que Extremadura clama porque su Patrona pertenezca a su región, asunto que no es menor y al que nadie hizo referencia en su toma de posesión. Esconder los problemas o los temas incómodos debajo de la alfombra no lleva nada más que a la desesperanza de un pueblo que quiere, pero a veces no puede, confiar en sus pastores. Es ya un rebaño resabiado que no atiende las órdenes de los que debieran ser sus cuidadores.
¿Qué va a hacer el arzobispo coadjutor de Extremadura al respecto? Desconocemos la respuesta, pero sí esperamos que se tome en serio un litigio que influye a todos y en todo, y consiga traer a la Puebla de Guadalupe a una región de la que nunca debió salir. De no hacerlo, su ministerio no servirá absolutamente para nada.












