Hace tiempo, en un telediario contaron que una paciente de coronavirus de EEUU tenía que pagar una factura de cuatrocientos mil dólares al no tener seguro privado. Y que no podía.
Otro caso que contaron es el de un estadounidense llamado Michael Flor de setenta años. Después de pasar dos meses en un hospital, también por coronavirus, le pasaron una factura de 181 páginas en donde le pedían más de un millón de dólares.
¿Qué hice ante lo que me pareció una exageración? Irme a leer al premio Nobel de Economía de 2008, Paul Krugman que sabe mucho del asunto.
En uno de sus libros explica la diferencia que existe entre Medicare y Medicaid que son las ayudas para la gente que no tiene seguros privados, porque resulta que si en EEUU no tienes seguros privados, te pasan facturas exageradamente asombrosas como las de los ejemplos que puse antes.
El Medicare básicamente y resumiendo mucho, es un seguro público para jubilados y el Medicaid es un seguro para «indigentes» o gentes sin ingresos.
Esto es un tanto peliagudo de explicar (Krugman en «Contra los zombis» lo cuenta bastante mejor que yo), pero tiene que relación con cuando Ronald Reagan -presidente de EEUU desde 1981 hasta 1989- privatizó la seguridad social (sigo resumiendo mucho) para que la sanidad de EEUU pasara a fondos de pensiones que pagaban los pagadores.
Es decir, desde entonces, si en EEUU tienes trabajo, te beneficias de la seguridad social privada que te pague tu empresa. Y si no tienes trabajo, para eso están el Medicare y el Medicaid.
El Medicaid (seguridad social pública para pobres) es curioso. Aunque en 2019 ya estaba aprobado, catorce Estados de los cincuenta que son en EEUU, se negaban a proporcionar atención médica básica a los ciudadanos más vulnerables aunque esta ayuda no les costaría nada porque lo pagaría el Estado. Curiosamente estos catorce Estados eran los republicanos, es decir -según leo- recibían orden de Donald Trump.
La clave de todo esto, como siempre, es que la mayoría de los estadounidenses de menos de sesenta y cinco años, están cubiertos por sus empleadores y no quieren que esto cambie. Y Medicare y Medicaid repercute o puede repercutir en sus bolsillos porque es una ayuda para personas -jubilados, indigentes- que “no producen”.
Y ya se sabe lo que nos cuesta ayudar al prójimo (sin pensar, por ejemplo, en que tú puedes ser el próximo prójimo).
El tal Michael Flor pasó -cuenta la curiosa noticia- sesenta y dos días con sus sesenta y dos noches, ingresado en un hospital. La habitación de la UCI en la que estuvo, «costaba 9.736 dólares diarios; 409.000 dólares por su transformación en habitación esterilizada debido al peligro de contagio del coronavirus durante 42 días; 82.000 dólares por el uso de un respirados artificial durante 29 días o 100.000 dólares por los cuidados de última oportunidad cuando su vida estuvo muy en peligro durante dos días». En total 1.122.501,04 dólares. La noticia termina diciendo que menos mal que tenía Medicare que si no…se muere de un infarto.
El Medicare provee de atención médica a todas las personas mayores de 65 años o más jóvenes consideradas discapacitadas debido a graves problemas de salud, pero para ello y en general, tienen este seguro médico todas las personas de 65 años o más que hayan sido residentes legales de los Estados Unidos por lo menos durante 5 años. Sin embargo, si ni ellos ni su cónyuge han pagado impuestos de Medicare por un mínimo de 10 años (40 trimestres), entonces debe pagar una prima mensual para seguir inscritos en Medicare.
En definitiva, en EEUU tu vida depende de lo que pague por ti de seguro privado tu jefe. Y si no trabajas porque estás jubilado o por el motivo que fuere, ya sabes o Medicare, Medicaid. Excepto, claro, si eres millonario, que ese es ya otro nivel.
Y si quieres saber más sobre los seguros sociales de EEUU, pregúntaselo -o lee- a Paul Krugman. Por ejemplo.












