Me acuerdo de que en una conversación informal entre amigos, alguien comentó que el futbolista argentino del Osasuna Ezequiel “Chimy” Ávila había incendiado las redes sociales cuando salió en una fotografía al lado de su cochazo, con una camiseta en la que aparecía la cara de un político junto a la frase: «El miedo es una reacción. El valor, una decisión».
Yo dije en broma que según la futura ley de Memoria Democrática lo mismo salir con esa camiseta -por la cara del político en cuestión, Santiago Abascal de VOX- podía ser motivo de sanción para el que la llevara puesta.
Me sorprendió la fiereza con la que saltó uno de los contertulios (amigos de barra) que me escuchó decir tal bufonada ¿Alguien puede imaginar que salir en una fotografía con una camiseta de un partido político al que han votado tres millones seiscientas cuarenta mil de personas puede ser ilegal?.
Mi “amigo”, el que saltó, era y es buena persona y, que yo recuerde, parado de larga duración de cincuenta y muchos años. Hasta ese día solo habíamos discutido de fútbol y poco más. Él es muy del Madrid y me gusta meterme con él, aunque veces lo “descoloco” como cuando aquel día que le dije que Vinicius es bastante mejor jugador que Mbappé.
Cuando este “amigo” medio gritó después de mi broma:
– “¿Y la ETA? ¿Y Venezuela y los bolivarianos y los comunistas bolivarianos y rojos?” (lo de “bolivarianos” lo dijo dos veces), en un alarde de empatía, me puse en su lugar (qué fácil es escribir esto…) y dije en plan pedante (yo diría que más que pedante, agradablemente desagradable):
-“Vale, si quieres hablamos de la ETA y de Euskal Herría y Venezuela y todas esas cosas, pero, ya que te has puesto así, primero del anteproyecto de la ley de Memoria Democrática que doy por hecho que te lo sabes de memoria”.
Enseguida me di cuenta de mi error y cambié radicalmente de tema.
Lo que vi de la moción de censura de ayer me pareció un poco como esta caótica conversación entre mi “amigo” de barra y yo: No nos lleva a ninguna parte. O para darle un toque literario, yo titularía la moción como una gran novelita de Gabriel García Márquez: “Crónica de una muerte anunciada”.
Lo que ocurrió ayer es que un partido político que no es fascista (no creo que haya tres millones y medio de fascistas en España) por mucho que lo repitan los medios de comunicación (parece que a ellos les gusta que les digan eso…), sino ultranacionalista (imagino que para ellos la nación está por encima de las personas, que no sé qué es peor) (o más “antiguo”) presentó una moción de censura haciendo uso del artículo 113 de la Constitución española de 1978.
Para dar más sinsentido a la “polémica” con mi amigo de barra de bar, hace poco leí que el futbolista “Chimy” Ávila gana un millón quinientos ocho mil euros al año, o lo que es lo mismo, veintinueve mil euros a la semana. En un mes, cada mes de su vida desde hace unos cuantos años, el futbolista gana bastante más que -por ejemplo- el presidente del Gobierno al año y mientras es el presidente de todos los españoles (este y los anteriores y el o la que venga).
Mejor no comparo lo que gana “Chimy” Ávila con lo que gano yo (después de 35 años dado de alta en la Seguridad Social) o con lo que cobra de ayuda (muchos la llaman “paguita”) mi “amigo” parado de larga duración.
De aquí el absurdo de discutir por estas cosas. O por una moción de censura que más parece una presentación “en sociedad” de los partidos políticos que un intento de echar al actual presidente del Gobierno.
Postdata: “Chimy” Ávila pidió disculpas y dijo que se había puesto la camiseta con la cara del presidente de VOX no por ese partido político sino porque le gustaba la frase: «El miedo es una reacción. El valor, una decisión».
Como decía el Makinavaja de Ivá: “Pos fueno, pos fale, pos m’alegro.”
(Continuará…).












