Vuelve el hombre. El hombre mediocre, vulgar y contorsionista. Ya no necesita hacer running como lo hacía cuando se presentaba a las elecciones. Ahora, es un tiempo para engorde, para cebarse entre las grietas de la democracia, que permite a vividores como este, devaluarla.
Decía Eduardo Galeano: “El burócrata es el hombre de madera, nacido por equivocación de los dioses. Tiene eco, pero no tiene voz. Sabe transmitir órdenes, no ideas. Considera cualquier duda una herejía; cualquier contradicción, una traición. Confunde la unidad con la unanimidad y cree que al pueblo, eterno menor de edad, hay que llevarlo de la oreja. Es bastante improbable que el burócrata se juegue la vida. Es absolutamente imposible que se juegue el empleo”.
Ha vuelto Monago porque nunca quiso jugarse el empleo. Como él, abundan en cualquier organización. Son ese tipo de personas que con su “modus vivendi”, favorecen la deserción de la democracia.
Vuelve el hombre que, con sus políticas en Extremadura durante su Presidencia, consiguió alcanzar con sus políticas y las de su partido, la mayor tasa de desempleo en Extremadura, con un 35,5%, ocho puntos más que la media estatal. En setiembre de 2011, nada más entrar en el gobierno, manifestaba: “Nunca diré: tantos empleos voy a crear, pero fracasaré si el paro se mantiene como ahora”. En ese momento había 117.890 desempleados.
Un año y medio después, en el primer trimestre de 2013, la EPA indicaba que había 182.400 personas en paro.
Monago, en ese momento, como ahora Feijóo con los fijos discontinuos, desacreditaba estadísticas oficiales. Lo recuerdo, porque en aquella época yo formaba parte del Consejo de Empleo de Extremadura en representación de mi sindicato, Comisiones Obreras. Eramos muy molestos y ellos eran tan cínicos… Lo peor de todo, es que lo siguen siendo. En noviembre de 2014, los desempleados de larga duración alcanzaban los 74.952, con un incremento del 23% tras dos años de Gobex. Por mucho contrato basura de formación promovidos por la Reforma Laboral de Rajoy, era imposible frenar la cronificación y aumento del paro, mientras las prestaciones por desempleo, desaparecían.
A él, lo que le gustaba era hablar del “liderazgo histórico” de Extremadura, donde gracias a su “yo”, habíamos conocido la primavera. Inventaba empleos de emprendedores condenados al cierre, bajaba impuestos dos euros al mes mientra subía el canon del agua en veinte euros, nos rebajaba el IRPF mientras se cargaba los centros de salud y el resto de servicios públicos. En su programa radiofónico, ¡Alo, Presidente!, financiado con dinero publico, hablaba para sus egocéntricas orejas, se inflaba como un globo y nos mostraba las plumas de un crecido pavo real.
Monago era un publireportaje permanente, gracias a su octavo consejero, Iván Redondo.
Con una tasa desconocida en nuestra Comunidad, de un 66,5% de jóvenes extremeños en paro, el SEXPE, con un Director Gerente, cebado como él, pretendía reducir las altas cifras del paro, “escracheando” a los jóvenes, a las mujeres, a los desempleados de larga duración, con normas absurdas con la intención de molestarles, con el objetivo de que abandonasen la lista del paro, aburridos.
Ha vuelto Monago para seguir sobreviviendo en un sistema en el que no cree. Marchó para dejar paso a su delfina; aquélla que no encuentra el enchufe en un vagón de tren y vuelve para hacer a estas alturas de su vida subvencionada, trabajos de fontanería en un partido que no tiene nada más que ofrecer que su bajada de impuestos devastadora de servicios públicos.
Mala suerte también para la posible salida de Fernando Pizarro a Madrid. La vuelta de Monago acaba con el relato de esa posible marcha del Alcalde de Plasencia, tras las elecciones. Se oía en los mentideros del PP placentino que con la victoria de Feijóo en las elecciones generales, en la que solo ellos creen, y la presencia de Pizarro en Madrid, iba a suponer el maná de inversiones para Plasencia. La llegada de un hombre mediocre, vulgar y reconvertido en fontanero a Extremadura, condena a Pizarro a aguantar otros cuatro años en el Ayuntamiento de Plasencia. Se le va a hacer muy largo, gane o no gane.













Gozosos párrafos y penosa realidad de un extremeño que tuvo en sus manos a toda una Extremadura. Y lo peor es que una persona de sus puntales de recortes aspira a sustituirle.