Joaquín Campos, en “Pedagogía”, uno de sus dos espléndidos, exagerados, vitalistas, libres, controvertidos y divertidos Diarios, escribiendo sobre lo mal que nadan en Cabo Verde, China, Camboya o Tailandia y hablando del “supremacismo blanco en este aspecto”, dice que al menos “siempre nos quedará aplaudir a rabiar a Moussambani solo por quedar el último”.
Éric Moussambani, de casi dos metros de altura y empleado de una compañía petrolífera, participó como nadador representando a Guinea Ecuatorial en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.
Había escuchado en la radio de su país que necesitaban nadadores para las Olimpiadas. El único hombre que se presentó fue él. No tenía ni idea de que era eso de unos Juegos Olímpicos y ni siquiera, dónde estaba Sidney, pero quería viajar. Y se apuntó a natación.
En Wikipedia leo que “pudo participar gracias al sistema de cuotas para países en vías de desarrollo, sin necesidad de alcanzar el tiempo mínimo requerido. Había comenzado a practicar natación gracias a un anuncio de radio de la federación nacional, tan solo ocho meses antes de la cita de Sidney. Debido a que Guinea Ecuatorial no tenía entonces una piscina olímpica de 50 metros, tuvo que entrenar en la playa y después en una piscina de 12 metros de largo, la del hotel Ureca en Malabo, donde empezaba sus entrenamientos a las cinco de la mañana.
Ya en los JJ.OO., Moussambani tuvo que enfrentarse en la primera serie de 100 metros libres a dos rivales de Níger y Tayikistán, pero ambos fueron descalificados por salida nula y el ecuatoguineano tuvo que nadar solo.
Con muchas dificultades, especialmente en el tramo final por la fatiga, logró completar la prueba en 1:52:72, más del doble de tiempo que sus rivales directos en la final, ante el aplauso de los espectadores.
En una entrevista posterior, el nadador aseguró que «todos creen que el éxito es ganar una medalla, pero el mío fue presentarme a aquella carrera». Gracias a él, posteriormente construyeron dos piscinas olímpicas en Malabo y Bata, las dos ciudades más importantes de Guinea Ecuatorial, país africano que obtuvo su independencia respecto a España el 12 de octubre de 1968 y que mantiene el idioma español como lengua oficial.
Moussambani no nadaba muy bien: nunca metía la cabeza debajo del agua, ni sabía mover los pies y las manos o coordinar todo con la respiración, por lo que en Sidney le pusieron el mote de “Eric el anguila”.
Lo suyo fueron más de «quince minutos de fama», la frase que se le atribuye al artista Andy Warhol, pero que es del fotógrafo Nat Finkelstein que, en 1966 mientras fotografiaba a Warhol, vio que un montón de gente quería salir al lado de su ídolo. Warhol comentó que todo el mundo quería ser famoso, a lo cual Finkelstein dijo: “Claro Andy, famoso durante quince minutos”.
Moussambani, en el recuerdo del libro de Joaquín Campos o aquí mismo, sigue recibiendo aplausos veintitrés años después.












