No es discutible que hoy, denominado «Lunes Menor», es un día para preparse para la fiesta y participar en todas las actividades programadas con motivo del «Martes Mayor», pero no sólo de festejos vive el hombre y hay asuntos que no se pueden solapar con la excusa de la fiesta por celebrar. Alfredo Moreno, portavoz del Grupo Municipal Socialista y secretario general del PSOE, realiza una afirmación muy grave: Fernando Pizarro miente en lo referente a los autobuses eléctricos que debería haber comprado el Ayuntamiento de Plasencia desde hace siete años, yendo la cantidad desde uno hasta cinco. La realidad es que no se compró ninguno.
Llamar mentiroso al alcalde placentino resultaría grave si no hubiese fundamento en tal afirmación, pero lo que hace Moreno no es sino tirar de hemeroteca y volver a insistir en lo que dijo Pizarro en su momento. El alcalde de la cuarta ciudad de Extremadura habla y habla en los medios de comunicación de la adquisición de autobuses eléctricos y, sin embargo, estos no llegan. La propia cooperativa Los Arcos, adjudicataria del servicio municipal de autobuses, está reclamando nuevos vehículos pues los que hay o van a mitad de fuelle o están averiados.
Lo dicho por Moreno en el pasado pleno y recogido hoy íntegramente por Diario de Plasencia, coincide en el tiempo con el anuncio de que los servicios municipales de autobús urbano de Cáceres y Badajoz tienen una reducción en el precio del billete del cincuenta por ciento mientras que en la capital autonómica son gratuitos hasta final de año. Adoptar una medida similar en Plasencia ni se la plantean las autoridades municipales que han aprobado un presupuesto para 2023 inferior incluso que el del año pasado. Por cierto, en 2022 existía una partida de 1,4 millones de euros para la compra de autobuses eléctricos pero el equipo de gobierno del Partido Popular creyó más urgente destinar este dinero al camino del cementerio judío. Este es el concepto de prioridad y necesidad que tiene Fernando Pizarro.
Pero, con todo, lo que resulta verdaderamente grave es la afirmación de Alfredo Moreno de que Pizarro estaría solicitando a las ciudades hermanas autobuses desechados para reponer la flota placentina. Si esto fuera como lo cuenta el líder socialista, sería de una gravedad sin precedentes porque sería tanto como reconocer que el Ayuntamiento de Plasencia se encuentra en la ruina más absoluta, para lo que quiere. Para fiestas y cachondeo hay dinero y molestias para los vecinos, como viene denunciando la Asociación Intramuros, pero para lo realmente importante, y el autobús urbano lo es, hay que mendigar por otros ayuntamientos.
Cada día se puede estar más convencido de que Fernando Pizarro ha perdido el rumbo y sigue con su estupidez avalada por el cuarenta y tantos por ciento de los ciudadanos en las urnas. Este alcalde está desnortado de todas todas y ahora se presenta en el pleno más importante de cada año con una partida ridícula que no da ni para comprar el chasis de un autobús. Un poquito de seriedad, por favor. Pero ¿de verdad que en el equipo de gobierno de doce personas no hay nadie capaz de decirle a este alcalde que va por mal camino? Pues lo llevamos claro porque la legislatura no ha hecho más que empezar y nos quedan cuatro años por delante.
Fernando Pizarro puede hacer lo que le venga en gana, que para eso es el alcalde, pero, en nuestra opinión, debe repasar sus propias declaraciones de la noche del 28M y actuar en consecuencia y, sobre todo, no faltarle el respeto a los placentinos. No es de recibo que Plasencia, una de las grandes ciudades de la región, actúe como la hermanita pobre de la película, teniendo recursos como tiene aunque, desde luego, mal empleados. Céntrese, señor Pizarro, y deje de actuar como un dictadorzuelo.













A disfrutar de lo votado. Que arrase con la ciudad como Atila. Así estará orgullosos la mayoría pepera del pueblo.
Decir a Fernando Pizarro García que miente es poco. Es un político que saca mayorías a base de mendacidad constante. Tiene a todos los medios apesebrados a su disposición. Sólo hay que escuchar sus entrevistas y sus declaraciones para los escritos. De la misma manera manipula a gran parte de los colectivos y asociaciones existentes. Eso sí, a los que le critican las aparta e intenta a través de terceros meter cizaña para intentar desestabilizar. Lleva 12 años de gobierno y la Ciudad se hunde. No hay desarrollo alguno en ningún sector económico ni administrativo. Su narcisismo le lleva a este planteamiento absoluto y dictatorial. Ninguno de los componentes de su gobierno se atreven a decirle ni mú, porque lo quita de inmediato. A los funcionarios principales los tiene atados y a su disposición, por eso les dio el Nivel 30, excepto al Departamento de Intervención que tanto el Interventor y la ViceInterventora y funcionarios adscritos forman un bloque unisono al servicio de la legalidad. A los mismos presupuestos lo han informado negativamente. Ahora, al que le gusta que le cuenten cuentos que le siga escuchando con su sintonía mágica.