Durante siglos a vueltas con el origen y la raza de los Reyes Magos, han sido múltiples las teorías, tesinas e incluso tesis doctorales al respecto para, finalmente, llegar a unas certezas universalmente compartidas: en primera posición, Melchor, persa, blanco y de cabello cano; en segunda, Gaspar, indio, blanco y de pelo castaño, y en tercera, Baltasar, árabe y negro.
Esta Navidad en Cáceres, resulta que se han roto las hostilidades entre los “holgazanes” políticos quienes, a falta de ideas para mejorar la vida de los cacereños, se han puesto a discutir e insultarse con el pretexto absurdo del color de la piel del dibujito del Rey Baltasar.
Y es que, como si de Michael Jackson hablaramos, el año pasado y el actual, el Rey Baltasar de AREMA, se representa mulato desteñido, pálido casi lívido, sin duda, para adaptarse a la tendencia mundial de las Beyoncé de turno, luciendo mucho más atractivo y fotogénico, ¡dónde va a parar!
Al tiempo, una panda de “desoficiados” y aburridos se enzarzan en dimes y diretes, desembocando en la acusación demagógica, ya fuera de tono, de racismo y xenofobia. Tan sólo faltaría que algún “catedrático” apuntara la posibilidad de poner en solfa la evidente desigualdad de género y el machismo recalcitrante de las monarquías mágicas o mejor aún, proponer la abolición de la antiquísima Ley Sálica de procedimientos sucesorios… ¡Cuando el Diablo se aburre espanta moscas con el rabo!
Para colmo del enredo, resulta que los denunciantes pasan a denunciados, de víctimas a victimarios. Pues es de general conocimiento que, en esta España nuestra, hay una delgada línea que separa la razón de la demagogia e inoportunidad.
Al parecer, el Rey Mago “tuneado”, ya lució así en las navidades pasadas, cuando el Excelentísimo Ayuntamiento de Cáceres era el predio del partido denunciante de tamaña fechoría. Inmediatamente, Belén Fernández Casero (PSOE) niega tal extremo, al tiempo que el alcalde Rafael Antonio Mateos Pizarro (Partido Popular) tacha todo el affaire de: “oportunismo político”.

Unos y otros, olvidan que si en algo estamos de acuerdo los españoles es en el espíritu navideño y sólo faltaría que hasta esto nos cambiasen o pusieran en duda esta camarilla de “discutidores” profesionales, mercenarios defensores de causas perdidas y entretenedores infatigables.
Si el diseño gráfico lo hubiera firmado un cristiano, seguro, no hubiera incurrido en el error, pero con la universalización de las costumbres y las tareas, gracias a internet, redes sociales y la deslocalización, cualquiera sabe qué ateo habrá sido el responsable de colorear los dibujitos representativos de Sus Majestades.
En cualquier caso, sería muy de agradecer que, como ya ocurrió en la Navidad de 1914 y durante la Primera Guerra Mundial entre ambos bandos contendientes, se estableciera la tregua por Navidad por parte de los dos grandes partidos políticos españoles.
Y ya puestos a perder el tiempo, podrían dilucidar si los ungulados, mamíferos, artiodáctilos del suborden tilópodos y rumiantes camélidos que los trasladan son camellos o dromedarios e incluso, ya en el octavo círculo del infierno de Dante (fraude), si lo que están haciendo a lomos de los jorobados no debiera considerarse como maltrato animal…












