Ha habido autores de obras de gran nivel que se han postulado por ideologías que parecían ajenas a su talento. El ejemplo más cercano es el de Mario Vargas Llosa, uno de los grandes escritores -hasta que ganó el premio Planeta- con unas ideas que no parecen acordes con lo que cuenta en sus libros. Otro de ellos es Knut Hamsum, cuyo “Hambre” nada tiene que ver con su “veneración” por Hitler, como también lo fue Celine con su inconmensurable -y poco recomendable para personas sensibles-, obra maestra “Viaje al fin de la noche”. Por no hablar de Michel Houellebecq, que a pesar de su genialidad -su “Las partículas elementales” es insuperable- defiende ciertas ideas de Marine Le Penn que no parecen muy democráticas precisamente.
Pero voy a poner el ejemplo de un ex futbolista llamado Paul Breitner, un artista en lo suyo.
Siendo futbolista profesional, el alemán Paul Breitner también conocido como “El kaiser rojo” o “El abisinio” y que hace unos días cumplió 72 años, fue un tipo cuanto menos curioso. Resultaba sorprendente que alguien que se declarara maoista, que aparecía en fotografías al lado de un retrato de de Mao-TSe-Tung, que decía que el futbolista que no se posicionara políticamente era un eunuco y que llevaba un arma porque por sus ideas decía que se sentía en peligro, fichara en 1973 por el Real Madrid de Santiago Bernabeu a finales de la dictadura franquista.
En el vestuario se ponía a leer el “Pequeño Libro Rojo de Mao” que tenía ese tamaño para que fuera más fácil su manejo y transporte, ya que todos los miembros del Partido Comunista debían llevarlo siempre consigo, aparte de que su lectura era obligatoria en los colegios. Y Breitner, a pesar de vivir en la Alemania Federal y no, al otro lado del muro, en la Oriental, era maoísta convencido. O quizás por eso.
Decía que él era un hombre comprometido con su tiempo, por eso, en esa España franquista, llegó a donar medio millón de pesetas -el salario medio en España era de 3.600 pesetas, cuyo equivalente en euros era 21,64- a los obreros en huelga de la fábrica Standard Eléctrica.
En 1978 se negó a jugar el Mundial de Argentina por la dictadura de Videla. Cuatro años antes, había ganado -Breitner, no Videla- la Copa del Mundo ante Holanda, en un partido inolvidable que fue el que me hizo empezar a amar el fútbol a mis nueve años de vida. Luego, en el Mundial de España 82, Breitner volvió a participar y a meter un gol, como ya hizo en 1974.
Sus ideas sembraban dudas en todos los entrenadores que tuvo -jugó en el Bayern de Munich, en el Real Madrid, en la selección de su país y en el Braunschweiger T.S.V. Eintracht- pero con su portentoso juego tanto de lateral izquierdo como de centrocampista, que lo hicieron ser uno de los mejores jugadores de la historia de Alemania, consiguió que los entrenadores y presidentes se quedaran con el “producto” de su talento, olvidando su “ideología”.
Lo mismo ha de ocurrir con los escritores (escultores, pintores, fotógrafos…). Olvidémonos de la persona y deleitémonos con las obras de arte que crearon. Quizás lo importante es ver la obra y después, indagar en las biografías o ni siquiera eso porque lo importante es lo que inventaron o concibieron, no lo que hicieron con sus vidas.
Fin.












