Un hombre con el pelo canoso y gafas negras me devuelve, por un instante, a una figura tétrica del Chile de 1973. ¡Habrá sido la morfología de su cara! Pero no, es el oráculo de España. Se deja caer por su rostro una sonrisa diabólica y egocéntrica; de esas que van a favor de la corriente. Caminaba hacia los periodistas esperando, sí o sí, el asalto de preguntas relacionadas con la reunión mantenida por el Secretario de Organización del PSOE con el político exiliado en Waterloo.
Sostiene González, erre que erre, su pose altiva, insuflada por alguna razón divina, y al ser repreguntado, él interroga al periodista: ¿Por quién me tomas? Como si nadie supiera que es un jarrón chino. Como si muchos que en otro momento creímos en él, no supiéramos que “Nosotros, los de antes, ya no somos los mismos” -Pablo Neruda-.
Él, que se sentó con Martín Villa, con Fraga, y que defendió la amnistía, para todos ellos. También para Tejero y Armada. Él, que hasta hace bien poco proclamaba con vehemencia que nuestro “emérito” debería gozar de la presunción de inocencia, haciéndonos pasar a más de uno la vergüenza que él perdió hace mucho tiempo.
No seré yo el que afirme que otra tuvo que ser la respuesta, pero qué delicada línea de pureza establece para discernir sobre el perdón o el castigo, qué escala de valores utiliza para discriminar entre la soberanía nacional secuestrada por el temblor de tanques en la arterias de Valencia y un descerebrado político fugado. Nunca escuché de los golpistas del 23-F, que no volverían a hacerlo o acaso fue el chantaje quién provocó su indulto. Y no me cuenten milongas entre indultos y amnistías.
Él, que calló con un sátrapa como Pujol, en el caso Banca Catalana, hoy magnifica como triunfo para los “indepes” una amnistía, que es, como entonces, una necesidad, para buscar la virtud de la convivencia. El Sr. González y el Sr. Guerra dejaron pasar por alto aquella estafa en nombre de Cataluña a cambio de gobernabilidad.
La foto del 1 de octubre, con una urna, que se reflejaba en la reunión que mantuvieron Santos Cerdán y Puigdemont, en las dependencias de Junts, en el Parlamento Europeo, escenificando que la investidura de Sánchez está más cerca, no es la foto de ninguna humillación, es la foto del fracaso del Gobierno de Rajoy, que no supo gestionar una votación ilegal, cuyos resultados todos sabíamos serían intrascendente.
El que abrió los fondos europeos de cohesión territorial a Cataluña, el que abrió la cesión del IRPF en sus pactos con los nacionalistas en 1993, para que luego Aznar en el 1996 doblase la apuesta. Sí, fue el oráculo quién en su cuarto gobierno quiso propiciar un gobierno de coalición con el nacionalismo de derechas, el de Arzallus y el padre político de Artur Mas y Puigdemont, su épico “Ubú President”. Buen momento para recordar los pollos dialécticos y el apocalipsis del PSOE que nos han regalado el “ínclito” cuando se conformó el Gobierno de Coalición de Progreso con Unidos Podemos.
Los separatistas llevan una década presionando con la independencia y poniendo en conflicto al Estado… Todo eso para obtener lo que ya tenían hace una década, la libertad. Si su logro es la amnistía, después de tanta movida, están en el mismo punto del que partieron. En el punto cero. Habrá que hacer de la necesidad, virtud. Una necesidad para explorar, otra vez más, el camino de la concordia. El Estado debe ser fuerte y a la vez, generoso.













Cuanta sensatez. Cuanta verdad expone nuestro amigo Miguel… Siempre oí hablar del valor de la Justicia en cuanto generosa. Nunca se despreció esta palabra como ahora hacen los depredadores de la política. Incluso se puede valorar, como en la de 1977, por razones políticas.
Gracias, Antonio. Sald
Gran artículo D. Miguel
Gracias, Tom. Salud
Valiente, claro, veraz y no desmemoriado como algunos. Gracias Miguel.
Gracias, Isabel. Salud