El PP sigue sin darse cuenta que fuera del nacionalismo madrileño hay otra vida más inclusiva, más tolerante y socialmente más justa. Como cualquier nacionalismo, hacen una lectura patrimonialista y extensiva del territorio. Desmontar el soufflé de la pandilla de Ayuso, con todo su laboratorio privatizador, será un buen remedio de futuro para una España más amable.
El Madrid-Miami de Ayuso, donde no hay pobres según ella, tiene unos datos macroeconómicos que son también resultado de una concepción casi inamovible del Estado, que debe ser sometida a revisión. Su PIB, el efecto de capitalidad, el estado radial de nuestro país… tienden a profundizar en la desertización de la España Vaciada. Entender nuestra nación de forma estática, tras el plebiscito del 23-J, nos apartaría de contemplar otras realidades diversas. El PSOE debe negociar con todos, sin miedo. Y a los órdagos de máximos contestar: “Nos vamos a elecciones”.
Si Feijóo planteó la disyuntiva de “España o Sanchismo”, en la que el hombre de la nariz prolongada se autoproclamaba como único representante de nuestra nación, habrá que hacerle las cuentas de que un cincuenta y cinco por ciento no quiere la España de la derogación, ni la degradación democrática de nuestras instituciones como el CGPJ.
Tampoco quiere la España del centralismo que deberemos superar, incorporando de la periferia cada vez más españoles en lugar de fabricar más independentistas; los resultados electorales en Euskadi y Cataluña así lo corroboran. Incorporar a esa España, también, a las mujeres que han votado al bloque PSOE-SUMAR por encima del millón, más que al bloque PP-VOX, huyendo del supremacismo machista. Son datos y avisos para los navegantes que persisten en creer que la tierra es plana y conciben la ciencia como ideología en lugar de cuestionarse que su negacionismo pertinaz es lo que conlleva una carga ideológica totalitaria.
Decía Santo Tomás de Aquino que “el idiota considera falso todo lo que es incapaz de entender”. Su afición a creer en los milagros les lleva al delirio de pensar que la montaña debe desplazarse hacia Mahoma. Patética ha sido la carta al estimado Pedro; patética la crítica a las vacaciones del presidente en funciones, mientras no sabemos dónde se ha escondido Feijóo tras la reunión a escondidas con VOX; patética la focalización en torturar la Constitución para evitar ver la realidad de la aritmética parlamentaria; patetismo sin final.
Pero no nos despistemos, mientras predican su “constitucionalismo” torturado de que gobierne la lista más votada, la que ha sido la segunda en Baleares, Aragón, Valencia o Extremadura ya está orquestando la opera bufa de los primeros atentados al consenso social.
En la región extremeña, el icono de la palabra, María Guardiola, ha tomado sus primeras medidas clasistas para una región que votó socialista en municipales, autonómicas y generales. Las primeras decisiones de la lideresa extremeña han significado la supresión de los filtros de control sobre la renta y las incompatibilidades de los cargos autonómicos, mostrando la falta de transparencia y la concepción laxa en el PP con lo público.
Otra declaración de intenciones han sido los nombramientos de los responsables del Servicio de Salud y la Dependencia; dos ejes fundamentales del Estado de Bienestar, que han sido encargadas a dos personas cuyas relaciones con la sanidad y la gestión privada de seguros y residencias de la tercera edad tienen una finalidad última y descarada de privatización. A veces es lo que parece.
Otros nombramientos, estos más esperpénticos, son la nueva creación de una Dirección General de Toros y otra de Caza. Son, sin duda, la guinda del pastel para una Extremadura, que rescata las políticas erráticas y la vieja guardia de un político como Monago, que dejó su esencia ética en Canarias. No aprendemos.












