Mucho hemos oído hablar en estos últimos días de la Casa del Deán, emblemático edificio del S. XVII propiedad municipal, que hasta hace relativamente poco tiempo albergó los Juzgados de Plasencia. ¿Por qué? Pues porque, en lugar de gestionarlo y llenarlo de contenido, se va a optar por licitar su alquiler para dedicarlo a la hostelería. Para ello ha tenido que modificarse el PGOU para permitir ese uso en este tipo de bien público, a priori protegido, y se va a gestionar en un tiempo récord el pliego de condiciones para ese fin.
Sin embargo, no hubo tiempo a lo largo de estas tres legislaturas para tener preparadas en tiempo y forma cosas tan importantes para la ciudad como los pliegos del servicio de aguas, el de mantenimiento de jardines o el de transporte urbano, y hemos visto cómo los contratos de estas concesiones agotaban no sólo los plazos: también las prórrogas previstas en ellos.
Precipitación o desidia. No hay término medio. Mientras otros expedientes y solicitudes urbanísticas se dilatan hasta la desesperación para unos, el rodillo funciona de forma implacable para otros, sin un patrón definido. Sin una idea de ciudad que haga pensar que la prioridad que se le da a determinados asuntos es, simplemente, necesaria por su importancia estratégica en la planificación final. No se atienden los asuntos en función de su urgencia o su importancia, si no a golpe de titular, cortoplacismo e interés electoral.
Por ejemplo, un muro como el de la calle Factor puede esperar durante años una solución, con el consiguiente riesgo para los vecinos de la zona, y no pasa nada. Las zonas más bajas de la ciudad se inundan por la suciedad y el mal estado de las arquetas y los sistemas de desagüe cada vez de llueve con un poco de intensidad, y tampoco pasa nada. Algo tan sensible como la falta de espacio y el mal estado general del Cementerio sigue sin tener una solución definitiva, y no pasa nada. Cito sólo estos casos porque son ejemplos claros de asuntos urgentes e importantes que atender, aunque habría muchos más. Pero alguien muestra interés, como es lógico, en arrendar un edificio histórico de más de mil metros cuadrados en pleno centro a 3€/m2, comprometiendo ese bien durante décadas, y corremos a poner una alfombra roja esgrimiendo el argumento de los empleos que se crearían. Lo que no sabemos es cuántos otros se destruirían al presentarse un competidor más en un sector que ha de repartirse el pastel del visitante de una ciudad en la que la oferta cultural y de actividades, una vez clausuradas las Edades del Hombre, será lo que viene siendo los últimos años: prácticamente inexistente.
Sustentada en las aportaciones de otros organismos (como las Noches de Santa María de Diputación) y el trabajo encomiable de determinadas asociaciones que siguen generando, con escaso apoyo y mucho trabajo, eventos de calidad y gran capacidad de convocatoria como es el caso de la Gumiparty. Amén de otros problemas endémicos de nuestra zona centro como son la ausencia de aparcamiento, el mal estado de los pavimentos y la suciedad. Asuntos que de atenderse y resolverse generarían, no lo duden, mucha más riqueza que la enajenación de ningún edificio.
Promoción, actividades, más oferta cultural y artística, puesta en valor del patrimonio material e inmaterial… Puesta en marcha, en definitiva, de recursos que nos aseguren que el visitante por más que quiera no pueda ver todo lo que la ciudad le ofrece en un día. Y, haciendo todo esto, nos aseguraremos que la inversión privada venga sin necesidad de regalar o malvender/malarrendar ningún edificio histórico. Salón de Otoño (perdido y no recuperado), Museo Tiflológico (perdido y olvidado), llegar a acuerdos para ofrecer visitas a los patios e interiores, rutas teatralizadas periódicas que pongan en valor figuras como Inés de Suárez y Doña María la Brava…
Pero, ¿de verdad es inteligente jugárnoslo todo a la carta del turismo? ¿Qué hay del comercio, los servicios o la industria? La labor, como dice el saber popular, no quiere miseria.
Y la construcción del futuro de un pueblo no quiere precipitación…, ni desidia.













Está claro, ni precipitación ni desidia. Solo malas intenciones, sobre todo para el pueblo.
Está clarísimo
: Para lo que el pueblo necesita o le viene bien, no tienen prisas. Pero para el pelotazo y el beneficio de amiguetes, nos lo curramos y lo damos forma para dorar la píldora y parezca que es beneficioso para el pueblo
La crítica fundada y severa pierde solidez y da pie a la respuesta si no se presenta una alternativa concreta. El PSOE placentino tiene mucha tarea por delante. Bienvenidas las ayudas
Muy buen artículo. Gracias.
Estos doce años de gobierno de Fernando Pizarro Garcia, han sido nefastos y negativos para la Ciudad. Perdemos habitantes desde que llegó en 2011 y sigue sin enterarse doce años después. No impulsa nada que no salga de él o le guste. Solo ha sabido vender humo con sus anuncios mucha propaganda, postureo y titulares quien al final no ha servido pasar nada. La realidad es la que es.
Estas cosas suelen ocurrir cuando te crees el dueño del chiringuito.