Un adelantado como Valle Inclán, interpretaba su momento donde lo grotesco y lo absurdo eran fiel reflejo de la realidad de aquella España esperpéntica. Degradación de la monarquía, degradación de la política o de la condición humana. Degradación de todo lo natural y su retorcimiento. Deformación de la realidad, fusionando y utilizando la historia, la cultura o el folclore con una ficción que nunca consigue superar la realidad pero que acierta cuando nos la muestra como comedia o tragedia. Risas para no llorar o lágrimas que nos hacen morir de la risa.
España sigue dando muestras de esa sangría de idiotas que se empeñan en salvarla. Es una remora que como en el mito de Sísifo nos condena a perder la vista y a empujar un pesado pedrusco montaña arriba, para dejarlo caer y volver a subirlo, de nuevo. Una tragedia nacional no equiparable a la clásica antigua; plena de héroes, batallas épicas y hazañas sublimes. Nombres que nunca mueren. Los que en un tiempo fueron referencia como héroes clásicos, hoy se presentan como figuras reflejadas en espejos, que se nos devuelven cómicas, grotescas y esperpénticas.
Puede que Miguel de Unamuno con su «Del sentimiento trágico de la vida», intuyera la degradación inevitable de los cuerpos que se presumieron puros. Toda una vida dedicada al pensamiento científico, incapaz de dar un sentido a la vida, preguntándose como en Unamuno la cuestión urgente del sentido de la existencia y ahora encontrar el vacío. Solo desde la desesperación entre un corazón que acude a la última oportunidad para hablar de su “yo”, se entiende la desmemoria de la razón, que en un tiempo, hablaba del “nosotros”. Pura necedad propiciada por la vanidad. Desesperación vital y humana que nos lleva a seguir luchando hasta el final con una apuesta vitalista en modo Don Quijote, y que termina tornándose en locura.
¿Cómo no recordar a Ramón Tamames con su «Estructura económica de España» y ahora, en la oscuridad de su otoño, una confluencia de materia desnaturalizada le invitan a asesinar su esencia por un momento frívolo donde será el protagonista grotesco de la España absurda, tragicómica, del circo y la pandereta, como antes lo fueron otros personajes como Antonio Tejero, Ruiz Mateos o Jesús Gil. Confluencia esperpéntica de la cobardía de Abascal con el objetivo de degradar una institución que es inservible para él y el objetivo testamental de un ególatra senil. Convulsión neurológica degradada apostando por todo aquello contra lo que combatió toda su vida.
Son los espejos cóncavos y convexos que deforman la realidad, provocando el esperpento. Ver a Ramón Tamames con Sánchez Dragó, junto a diez hombres más, nos da la dimensión vulnerable del hombre. En una toma de decisión errónea, toda una vida ha sido una farsa o ahora es un esperpento.
En nuestros últimos días, el juicio final que seguro nos hacemos, nos conduce a mostrar si fuimos Quijote o Sancho Panza toda nuestra etapa vital o si nos travestimos, a última hora, en nuestro antagonista. Imagino que para muchos debe ser duro. Entonces sabremos si fuimos o somos, esperpentos. Hay cuerpos y mentes, que en vida, ya están muertos; cuerpos que en su metamorfosis se convierten en fósiles cuando escriben su último relato.













Quizás seamos los Molinos🦾
Creo que sí, su vida fué una farsa.
Ya dejó la política desde ¡el CDS! a finales de los 80 y con algunas sombras. Después, sus escasas apariciones desde fuera de la política, no tenían nada que ver con los primeros tiempos en el PCE.
Lo de ahora es para médicos.
Por si fuera poco, hoy he leído que ha invitado a Sánchez a su casa a comer para hablarle de la moción.
¡Es muy patético!