Agua, ¿dónde vas? “Riyendo” voy por el río a las orillas del mar…
Así empieza el poema del genial Federico García Lorca, con el título genérico: “Agua, ¿dónde vas? – Canciones para terminar”. Un siglo más tarde y aún sin respuesta. ¿Habrá quién sepa adónde va el agua que en estos días está lloviendo?
Buena parte a saciar la sed crónica de nuestros campos y veneros, por fin hartos del líquido elemento, tan preciado como extraño en nuestra tierra. El exceso, escupido y cedido en descenso, por su peso, recorriendo regatos y arroyos para dirigirse por los afluentes de los ríos hacia empresas más principales.
Presas y pantanos, públicos o privados, recuperando los niveles medios de almacenamiento. Las primeras aliviando, tras superar las cotas máximas, los segundos alborozados por el flujo continuo y generoso del bien más preciado y, no obstante, despreciado, regalado y minusvalorado durante siglos.
Cuántos pecadores y arrepentidos con sus católicas faltas sin perdonar, en esta Semana Santa, tan escasa en procesiones y estaciones de penitencia como abundante en precipitaciones. Trabajo a destajo para los, cada vez menos, curas párrocos que han de ejercer su ministerio individualmente, en un servicio personalizado e íntimo a falta del perdón cofrade.
El caudal aumentando y el cauce que reclama, una vez más, lo que por derecho le pertenece. Agua, ¿dónde vas? Una vez devuelves los cadáveres de éste aciago mes de marzo y traspasas la última barrera española de la frontera de Caya. Porqué un acuerdo (Convención de Albufeira, de 30 de noviembre de 1998) ya caduco por la modificación de los agentes climáticos, fuerza a la siguiente sequía, si te vemos pasar apresurada hacia la vecina Portugal.
En este lunes de resaca, lunes de jira en la mayor parte de pueblos de Extremadura, amanecemos con la electricidad gratis. Tras años de extorsiones legales, herederas de prebendas dictatoriales, de oportunistas y de familias terratenientes o “pantanotenientes”. Agua, ¿dónde vas?












