Hace por lo menos treinta años que leí por última y primera vez “Don Quijote de la Mancha”. Ando estos días preparándome para leerlo de nuevo.
Sé que a don Alonso Quijano le dijeron loco no sólo porque quisiera cumplir su sueños de caballero andante, sino porque los cumplió.
También que ya a principios del año 1600 en este libro, Miguel de Cervantes supo entrever las dos Españas contradictorias que parecen eternizarse: la del loco Quijote, imaginativo y “progre” y la del conservador y con dos dedos de frente que frenaba las locuras de su amo, su fiel escudero Sancho. Curiosamente (y resumiendo mucho) diríamos que, ahondando en lo contradictorio, el señor era “de izquierdas” y su servidor “de derechas.
Abriendo el libro por cualquier página uno encuentra, por ejemplo, que Aldonza Lorenzo, que para don Quijote es «Dulcinea, la que merece ser señora de todo el Universo”, para Sancho “es moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho y que puede sacar la barba del lodo (de un trance apurado) a cualquier caballero andante”. Está claro que sobre gustos no hay nada escrito. Ni falta que hace.
Luego, de lo que uno se acuerda es de la letra de la canción de “Botones” que dice:
“Sancho, Quijote, Quijote, Sancho, Sancho, Quijote, Quijote, Sancho. Sancho el escudero, bonachón y gordinflón, pisa firme el suelo, que dirige su señor, Quijote es totalmente fantasía, caballero del honor. Sancho, Quijote, Quijote, Sancho, Sancho, Quijote, Quijote, Sancho. Los molinos son, gigantes que hay que derrotar, Rocinante es el mejor corcel, y Sancho es arrogante, fuerte y fiero , Ay, don Quijote lo que ves”.
Y lo que hay que hacer es tener sueños y cumplirlos. Fuera prejuicios, fuera miedos, fuera complejos, hagamos el ridículo, seamos nosotros mismos.
Y mi sueño ahora es leer «Don Quijote de la Mancha» de Miguel de Cervantes como si fuera la primera vez.
Nota al margen: la foto es de hace cuatro años, esperábamos al poco puntual don Miguel de Cervantes, el padre de las criaturas (de bronce).












