La Asociación 25 de marzo lee a Luis Álvarez Lencero en la primavera de 2023 en Valdencín en un acto sobre la reforma agraria en Extremadura.
Se cumplen 70 años de la publicación de «El surco de la sangre», de Luis Álvarez Lencero, en la revista postista Doña Endrina. El surco existencial surrealista postista de Lencero recordado en primavera. Carlos Baena García me hace leer de nuevo «La oda a la primavera» de Manuel Pacheco, publicada por su amigo postista Ángel Crespo en Deucalión en 1953.
La primavera literaria de Badajoz en 1953 se codea con los mejores poetas de España y América gracias a la revista Gévora que alientan principalmente Pacheco y Lencero, hacedores de una nueva poesía.
Ambos son reconocidos en sus inicios por los poetas mayores del 27, siendo levadura en la masa en la nueva poesía de sus amigos Celaya, Labordeta, Otero, Gloria Fuertes, Rafael Jaume, Arestiguieta y un largo etcétera.
El año 1953 es primavera surrealista postista existencial para Manuel Pacheco. Primavera vital biológica surrealista en el cuerpo humano en un mundo amenazado por la guerra nuclear de los átomos incontrolados. En 2023, los átomos siguen incontrolados con la amenaza de sus dueños de soltarlos a volar y no precisamente en misión humanitaria y ecológica como se narra en La Canción de los pajaritos de San Antonio.
En 1953, tanto Pacheco como Lencero llevan el surrealismo en sus libros existenciales. Pacheco, en «Tierra del cáncer»; Lencero, en “El surco de la sangre».
El existencialismo social en el tratamiento del erotismo y del sexo se muestra en la “Oda a la Primavera”, de Manuel Pacheco, que acoge, burlando a la censura, en 1953 Ángel Crespo en su revista Deucalión y que traigo aquí parodiando a Lope de Vega en Hoy que sale el sol en primavera: “Hoy que sale sol / aprendo cosas nuevas / leyendo a Jorge Urrutia / Hoy que sale el sol”. Jorge Urrutia en “De poesía antillana” (De poesía antillana, Acento, 19-03-2023) recupera a Pedro Mir en “Hay un lugar en el mundo” (1949) y anota el uso de la construcción volar y volar y de la repetición, no como algo nuevo en la poesía antillana en 1946, sino algo tradicional de origen afronegroide que ya usó Lope de Vega.
En la Oda a la primavera, la exaltación de la poesía erótica de Manuel Pacheco, con censura, se adelanta a las nuevas tendencias de la sociedad de 2023. La primavera de Pacheco está alejada del jazmín y de “las trenzas doradas por un sol de oro” y muy cerca de la realidad del cuerpo humano de la mujer y del hombre. Transcribo el poema completo para que los sexólogos y críticos contextualizadores apliquen sus agudas teorías actualizadas a los tiempos en que vivimos:
ODA A LA PRIMAVERA
Por Manuel Pacheco
Viene la primavera como el brillo de un toro
y las manos del invierno
se deslizan en la calma de los sótanos
y nos enseñan la penumbra de los hombres de luto
que tienen en los pasos un ritmo de personas decentes
y las fosas del pecho cuajadas de gusanos.
Y viene la primavera llena de bocas jóvenes
que muerden los harapos del pecado
y rasgan vestiduras de diosas congeladas.
Mirad la primavera sin escribir jazmín
ni decir “azulado arroyo puro,
trenzas doradas por un sol de oro,
colegialas de besos como lunas”.
Mirad la primavera como una esquila insomne
cuando el clavel prepara su hemorragia
contra los fríos muros de las sábanas;
cuando vibra en el libio adolescente
esa tristeza extraña
que busca vaina a su dolor de espada;
cuando la niña suena como un violín de fuego
y llora las paredes y los libros oscuros
que le apagan la lira de su cuerpo;
cuando se rompe el hielo que los muertos dejaron
y crecen las viudas desgarrando los mantos
que enterraban sus carnes en cárceles de acacias.
Mirad la primavera como una cruz de nardos sostenida del cuerpo del hombre.
Viene ligera cierva o amapola
con sus astas de viento
derramado en los hondos confines del latido.
Presurosa de cienos y medallas ardientes
riega lluvia fecunda en los palomos
con sus bodas de nieve abrasadora.
Parejas, enramadas, castillos, paz o guerra,
misiones o trompetas sensualizan ambientes
donde el símbolo oscuro de voces
y saetas clavan en las mujeres el dardo de la vida.
Y se pudren las calles de llagas como cirios
y se queman las noches de rosas y luceros
y tiemblan las peinetas como manos sonámbulas
en los tibios cabellos, y se clavan rodillas
en el calor oscuro del asfalto
vibrando desnudeces cubiertas por el luto
de una ternura Azul.
Y pasan como selvas los domingos de barcos
por el agua lasciva de su grupa,
y su sexo tirado por el aire
tiembla como la alondra en el alambre mágico del celo,
estremece ranuras apagadas
y llena los canales de la sangre
con un yodo de mares suspirados.
Deucalión, 1953
En 1953, Luis Álvarez Lencero y Manuel Pacheco se comen el mundo literario internacional. Son reconocidos por los grandes y se relacionan con lo nuevo tanto peninsular como americano. Muestra de esta euforia, de quienes empiezan a volar, sin necesidad de recomendaciones, es esta singular dedicatoria conjunta (2 de octubre de 1953) a Rafael Jaume, director de la revista mallorquina Dabo, de Manuel Pacheco:
Dedicatoria de Manuel Pacheco y Luis Álvarez Lencero a Rafael Jaume, director de la revista literaria Dabo, Palma de Mallorca:
“Para mi buen amigo y Poeta Rafael Jaume, estos cantos que denuncian esos caracoles de lepra que le están, saliendo a la tierra con las explosiones atómicas y la baba amarilla del dinero. Siempre a la Poesía 2/0ctubre 1953. Manuel Pacheco,” con dibujo original de Luis Álvarez Lencero, que puede sorprender a los especialistas en historia del arte, publicado por Antonio Fernández Molina, en la colección Doña Endrina de Guadalajara. Este valioso ejemplar es propiedad del Archivo Provincial de la Diputación de Cáceres. Tanto Manuel Pacheco como escritor, como Luis Álvarez LENCERO, han sido muy ninguneados por los manuales al uso de quienes saben lo que todo el mundo sabe y no dan a conocer lo que el mundo debería saber, porque no lo saben o lo ningunean.
Que en el próximo encuentro sobre la reforma agraria en Valdencín (Cáceres) se homenajee a Luis Álvarez LENCERO –un poeta, pintor y escultor campesino surrealista, vanguardista y comprometido con su tierra– significa que hay muy buenos lectores de su obra.
La primavera agridulce humanitaria de 1953 de Manuel Pacheco sigue con el mismo sabor en esta primavera de 2023. La guerra humana sigue en pie con temores de explosiones no deseadas y la presencia no grata de “la baba amarilla del dinero” tanto en la tierra del cáncer como en el surco de la sangre.












