La aporofobia es el odio, miedo y rechazo a las personas pobres.
No sabía si escribir sobre que no sabía que los entierros anglicanos de las personas reales, ricas y famosas duran por lo menos diez días y dicen que hay personas que están haciendo cola durante treinta horas para pasar durante diez segundos junto a su féretro, sobre que Lorenzo Brown, jugador de baloncesto de la selección española es español desde el 27 de junio de 2022, sin necesidad de haber pisado suelo patrio, cuando el Gobierno español le concedió la nacionalidad española por carta de naturaleza o sobre que entre los futbolistas titulares del Atlético de Madrid-Real Madrid de ayer, entrenadores incluidos había menos nacidos en España (solo Koke del Atlético que nació en Madrid y Carvajal del Real que nació en Leganés) que en el quinteto inicial la selección española de baloncesto (de los cinco, todos menos Lorenzo Brown nacido en Roswell, una ciudad ubicada en el condado de Fulton en el estado estadounidense de Georgia.
Podría escribir sobre que a Lorenzo Brown no le han hecho la prueba CCSE que es la que hace a todas aquellas personas que quieran obtener la nacionalidad española. Es más, si el mismo 27 de junio de 2022 le preguntas dónde se ubica España lo mismo te dice que al sur de México o cerca de Surinam, a saber. Es más, si afino un poco (no mucho) el noventa por ciento de los españoles (contando a Lorenzo Brown) no aprobarían (¿aprobaríamos?) los exámenes del CCSE (Prueba de “Conocimientos constitucionales y socioculturales de España”)
Yo creo que podría ser español. Acabo de hacer aquí un test wwwpuntopruebaccsepuntocom y he acertado 23 de las 25 preguntas. He fallado las más tontas. Por confiarme.
Me han hablado de una mujer extranjera que llevaba cuatro años en España. Cuando iba por la calle le decían panchita o machu pichu. Todo el mundo no se lo decía.
Cuidaba al abuelo de una muy atareada familia. Lo vestía, lavaba, le daba la medicación, le contaba historias de su país, escuchaba las cosas de viejo que le contaba el viejo. De voz dulce y melodiosa, era cariñosa, servicial y nunca ponía mala cara. Trabajaba de sol a sol, pero eso qué más da (¿no?). Había dejado a tres hijos en su país. Quería nacionalizarse española para poder traer a sus hijos y a sus padres.
Entre unas tareas y otras (trabajar, hacer las labores de su pisito alquilado, comprar…) no le quedaba tiempo para nada. Se había enterado de que cuando pasara diez años en España podría nacionalizarse y que a lo mejor tenía que pasar un examen.
Si hubiera jugado al baloncesto, lo mismo no hubiera necesitado saber que la La edad mínima para contraer matrimonio en España es de 16 años, que es una de las dos preguntas que fallé del test. La otra fue que de las tres opciones que daban -ministro de Justicia, de Interior o de Defensa- a la pregunta: “El mando superior de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado corresponde al…”, puse “de Defensa” y es el de “Interior”. Los nervios me pudieron. Estas son dos de las veinticinco preguntas del test de acceso a la nacionalización español del CCSE. Las otras son del o por el estilo.
Pero qué culpa tiene el español Lorenzo Brown si a él le dieron carta de naturaleza que a saber qué es eso sin tener que estudiar.
Doy fin a mi diatriba con el estribillo de una canción de Aute. Se la dedico a España y a la anglicana Isabel II que descansa en paz (o no):
“Ay, amor mío. Qué terriblemente absurdo es estar vivo. Sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido. Sin tu latido.”
Nota al margen: Voy a ver si encuentro el CCSE de Roswell, ciudad ubicada en el condado de Fulton en el estado de Georgia (EEUU). Lo mismo me da y adquiero doble nacionalidad: española y Roswellense-fultoniano-georgiano-estadounidense. Aunque si me piden que aprenda a jugar al baloncesto a mi edad, no sé yo.
Al final, con tanto lío se me ha olvidado escribir sobre la aporofobia.
Fin.












