Año de parejas rotas este dos mil veintitrés, siguiendo esta tendencia tan actual y ascendente en separaciones, divorcios y “bombitas de humo”, a los famosos como al resto de los mortales también les afecta, haciendo bueno el dicho que reza que: “el dinero no da la felicidad” (aunque ayuda un montón).
Al bombazo de Risto Mejide y Laura Escanes le sucedieron las rupturas de Fabiola y Bertín Osborne, Aitana y Miguel Bernardeau, Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, Jota Peleteiro y Jessica Bueno, Samantha y Flavio, Belén Rueda y Javier Artime, Juana Acosta y Charles Alazet, Fernando Alonso y Andrea Schlager, Sira Enrique y Ferrán Torres, Christofer y Fani, Carmen Morales y Luis Guerra…
Punto y aparte, la bella historia de amor de ida y vuelta en un nanosegundo en el metaverso de mi “pija de cabecera”, mi marquesa preferida heredera del título paterno, académica “in pectore” de la Real Academia Española del Hola, inteligente empresaria agrícola, hostelera o audiovisual, especializada en el papel couché por enseñanza y licenciatura materna. Desamor, eso sí, con final feliz, boda y eterna luna de miel patrocinada por la prensa rosa y retransmitida en tiempo real por las redes sociales.
No obstante, todo lo anterior, el primer puesto en la clasificación de rupturas mediáticas lo ostentan Shakira y Gerard Piqué, ayudados por la inestimable colaboración de la tercera en discordia, Clara Chía. Y es que dónde haya una cuestión de infidelidades…
Sorprendente la reacción de la colombiana, arremetiendo con quien hiciera falta, al verse desplazada por una jovencita influencer y plasmando en canciones sus sentimientos amorosos o económicos, pues aún no queda claro qué tienen que ver los unos con los otros y porqué razón canta: “las mujeres no lloran (será ella), las mujeres facturan”.
Aun disgustado por el plante del portorriqueño a nuestra “despechá” Rosalía y no repuesto todavía de semejante tropelía, caigo en profunda tristeza al enterarme de que el guapo nacional y antaño nudista Albert Rivera, que tan buenos ratos nos proporcionó en su incierta y dubitativa etapa política, ha tenido la brillante idea de desilusionar a Malú.
¡Dios da pañuelos a quien no tiene mocos! Ella que te recogió cuando nadie daba un duro por ti, que intentó y por momentos consiguió poner orden en tu alocada cabecita y tú de flor en flor, indeciso, tal cual eres en lo romántico, político y profesional.

Y como esto del “malquerer” se ha convertido en una auténtica plaga nacional, Malú, en su recién estrenada soltería, apoya su triste desafecto en otro genio con el corazón roto, Pablo Alborán, músico, compositor, artista y amigo suyo que le ha insuflado el hálito vital necesario para expresar los sentimientos como sólo ellos dos saben hacerlo, creando su obra desgarradora y honesta, titulada “Ausente”. ¡Maravilla!
Ríanse de la canción de Shakira y Bizarrap, más visceral y chabacana, nada que ver con la elegante y sentimental genialidad de Malú y Alborán, escrita por Pablo desde el corazón y el alma porque la quiere, la respeta y la admira desde hace muchísimos años. Para él es un “lujazo” poder haber compuesto una canción para ella. Y como muestra un botón: “No entiendo por qué me siento tan sola, cuando estoy contigo…”.
Más de veinticinco años de Malú y me parece que fue ayer… (Con cariño dedicado a Ana Belén).













