Que al alcalde de Plasencia, Fernando Pizarro García, le crecen los enanos es de todos sabido. Que se encuentra en su ocaso político y con «bono basura», sin duda. Solo hay que ver el poco caso que le hace su propio partido; ahora en el Gobierno de la región en cuanto a las necesidades de inversión y de servicios administrativos que tanto necesita la Capital del Norte de Extremadura y ya ven na de na.
Tuvo una reunión con la presidenta, foto incluida, claro, pero de contenidos y reivindicaciones históricas de la ciudad, se le olvidó. Eso sí, al leer comentarios críticos de la noticia enseguida el alcalde convoca una rueda de prensa para enumerar necesidades de ciudad para como hace siempre justificarse ante las críticas ciudadanas. Pero que ahí se quedan.
Y entre luces y sombra, se publica la sentencia condenatoria del que era su amigo del alma, el exalcalde de Trujillo, Alberto Casero Ávila, conocido en los ambientes ‘peperos’ , como ‘tomatito’. El amigo de aventuras y desventuras políticas junto con Laureano León, mueven los hilos en Génova para marcar su meta política ‘pizarrista’ solo en Plasencia. Qué cosas le han pasado al ‘pizarrismo’ mayoritario (sólo un tercio del electorado) que no le han creído ni los suyos.
Ya iremos contando más de este aquelarre ‘pizarrista’ que los placentinos no conocen o no quieren conocer. Efectivamente, en algunos mentideros placentinos y en círculos genoveses se le está calificando ya no solo de ‘sacristán’ (dedicación religiosa muy digna) su cargo, sino que ya se extiende el calificativo muy acertado políticamente de ‘bono basura’. Este es el devenir de este político venido a menos , pero lo cierto es que nunca consiguió ir a más. Y nunca gestiono el futuro de la ciudad. Sólo se ha dedicado a una súper ocupación de fotos en redes sociales .
Además, el vértigo mentiroso de Pizarro es patológico-narcisista . Con este personaje, Plasencia va camino del barranco. Político desalmado, movido por simple interés personal, que tiene como prólogo esa desafectación general de la sociedad civil placentina y en su entramado asociativo que no es palmero.
Lo que Plasencia ha llegado a ser, lo que ha parecido ser no hace tanto y en lo que se ha convertido en manos de este sujeto es casi inverosímil, pero rigurosa y ásperamente cierto.
El legado que nos deja Pizarro, es y sólo puede ser ya, el de nuestra ruina. Es un autócrata de aplausos bovinos de mucha gente engañada.












