Andan alborozados en el Paraíso celebrando la alegre noticia, en contraposición a la ambigua tristeza que nos embarga en la Tierra, al conocer que ha fallecido Braulio, el cartero de “Crónicas de un pueblo”, siendo ya el encargado del reparto de la divina correspondencia.
En estos tiempos de conflictos bélicos por doquier, hacía más de un siglo que no se convocaban las oposiciones a cartero celestial y ya había llovido desde que el jinete y aventurero Miguel Strogoff comunicó su decisión al genial Julio Verne: se había acogido a la jubilación anticipada, tras aquella invasión tártara de la Rusia zarista, ya harto de cumplir con su peligrosa misión como correo del zar.
Miguel se vio obligado a atravesar la gran estepa siberiana, portando la misiva que advertía al hermano de su monarca de los planes del traidor Ogareff, a la vez que debió ser reconocido por su madre y, al tiempo, esconder sus sentimientos hacia su joven amada.

Pero, puestos a llevar mensajes con designios divinos nadie mejor que Braulio, el cartero de “Crónicas de un pueblo”, al que recordamos con su cartera de cuero al hombro, su gorra gris sin el emblema de Correos y ese bigote característico e imprescindible en aquella España en blanco y negro, atendiendo cariñoso y humano a su vecindario, al tiempo que realizaba su reparto diario.
Lo primero que ha notado, en el acto de toma de posesión de su plaza en la estafeta de Correos celestial, es la disminución en el peso actual de la enorme saca portadora de la correspondencia, debido a la ausencia de cartas de amor y de las postales, pequeñas obras de arte en papel, que junto a las propias de los reclutas militares suponían el fuerte de su trabajo, allá por los años sesenta y setenta del pasado siglo XX.
Estupefacto se ha quedado al recibir la indumentaria actual de los funcionarios de la empresa pública nebulosa que ha sustituido el gris dictatorial por el más moderno y básico color amarillo, actualmente indultado y otrora portador de malos presagios en la supersticiosa e inculta sociedad española.
Es cierto que habrá de familiarizarse con los modernos burofaxes protocolarios y con los tan necesarios acuses de recibos preceptivos, seguro que en pocos siglos se pondrá al día, pues es bien sabido que en el Cielo los tiempos no apremian. ¡Ventajas de la eternidad!

Asombrado con la supremacía informática, las redes sociales y plataformas varias, acaba de inscribirse en un cursillo para principiantes en estas ciencias, habilidades modernas e ignotas para los de su generación.
Él ha sido el elegido, entre los múltiples candidatos aspirantes al prestigioso puesto, una vez comprobado que reunía los méritos suficientes para el eficaz desempeño de su cargo, pues se precisaba a un centenario como embajador de las noticias de Dios.
Al igual que su predecesor Miguel Strogoff, a Braulio le compete informar de las barbaridades que, de nuevo Rusia, en esta ocasión con Putin al frente, está acometiendo en todos los lugares donde tiene un mínimo poder con el único afán de extender su dictadura imperial.
Difícil encomienda, a la que por desgracia acaban de sumarse las trágicas noticias sobre el conflicto de Gaza y esas bandas de terroristas teocráticos de Hamás, Yihad Islámica Palestina y Hezbolá que, amparados por Irán, están apaleando el avispero con el firme propósito de hacer inhabitable la región donde, paradójicamente, nacieron las religiones monoteístas.
“In memoriam” de Jesús Guzmán Gareta. (15-06-1926 /16-10-2023). D. E. P.












