En 2011, hace doce años, escribí que leía y leo mucho, buscando el sentido de la vida. Puse negro sobre blanco:
“El pasado martes acabé la novela de James Ellroy sobre el asesinato de su madre cuando él tenía diez años. Entre el martes y el miércoles empecé y terminé «Pretérito imperfecto» de Pilar Galán. Uno de mis descubrimientos últimos, enseguida me pondré con «Grandes superficies». Ayer me cargué un «puntazo» de libro. Irreverente, lleno de porno y vida y a veces con muy mala leite, la novela de Patxi Irurzun, el escritor tímido. Es la historia del barrendero heavy y tirillas y su blakandeker por las calles de Pamplona entre otras, titulada !Oh Janis, mi dulce y sucia Janis! (memorias de una estrella del porno (amateur) «.
Todos los días ojeo, leo, indago en su blog «ajuste de cuentos». Ese es uno de los 50 o 60 blogs que tengo en mis «favoritos» y que compruebo y visualizo todas las mañanas nada más levantarme. Esta mañana empecé «La posibilidad de una isla» del cínico Michel Houellebecq. Novela del clarividente y borde Houellebecq. La historia de un humorista: Daniel 1, Daniel 24 y Daniel 25. Tres narraciones separadas por 2000 años. Escritor necesario porque no deja indiferente nunca. Os dejo. Sigo a lo mío. Leyendo.”
Ahora, en 2023, sigo leyendo (y viviendo, sintiendo, escuchando, hablando, intentando comprender…) compulsiva-convulsivamente otros libros, otras historias. Y sigo indagando. Y examinando lo que me llega por los sentidos. Busco, sabiendo que tarde o temprano me daré cuenta de que ese, solo ese, el buscar, es el camino.
Fin.












