Sirva la redundancia como refuerzo enfático de la expresión de deseo que manifiesto con el titular. Utilizo el imperativo, refiriéndome a semejante personaje, porque entiendo que es el único modo que puede comprender. No como orden, instrucción ni siquiera como consejo, sino más bien como petición o ruego incluso.
Recuerdo ahora lo que en su momento pareciera estrafalario por antiguo y decimonónico. Cuando recién empezaba la “Guerra de Putin”, el no menos extravagante Elon Musk, en una publicación de Twitter, en la que usó el alfabeto ruso para escribir el nombre del sátrapa, dijo: “Por la presente, desafío a Vladimir Putin a un duelo”.
El multimillonario dueño de Tesla, insistió en que hablaba “absolutamente en serio” y se excedió al asegurar: “lo que está en juego es Ucrania”. Musk etiquetó la cuenta oficial de Twitter del Kremlin y preguntó: “¿Estás de acuerdo con esta pelea? Como era de esperar el jinete, que no caballero, del torso al aire no respondió. Ni osó siquiera nombrar padrinos.
Mandó a un propio, el tal Dmitry Rogozin, uno de tantos bufones de su corte, con cargo de director general del programa espacial ruso Roscosmos, para que le respondiera. Utilizó para ello un verso de “El cuento del sacerdote y su ayudante Balda” de Alexander Pushkin: “Tú, pequeño demonio, todavía eres joven”. Añadió: “Eres débil para competir conmigo, solo sería una pérdida de mi tiempo”.
En España, el último duelo por honor supuso la muerte de Rafael de León, Marqués de Pickman, a manos de un oficial de la Guardia Civil en 1904. Según el historiador Miguel Martorell, los duelos persistieron hasta los años veinte del pasado siglo XX y lo que acabó con ellos fue “el mundo moderno, la Primera Guerra Mundial y sus millones de muertos”.
Aunque en Uruguay y Argentina se celebraron hasta los años setenta. “El duelo perteneció al mundo liberal, fue una manera de resolver los problemas de las élites que incluso daba cierto tono de distinción social”.
Un siglo después y volviendo al tema que nos ocupa. Putin moviliza a trescientos mil reservistas y abre la puerta al uso de armas nucleares. Al momento y como es de sentido común, venta masiva de vuelos y colapso en la web de trenes para salir de Rusia. Manifestaciones de protestas contra la movilización y la servil Fiscalía de Moscú ha advertido que, la participación en ellas o la mera difusión de las convocatorias, podrían ser constitutivas de delito.
El presidente vitalicio anuncia la movilización parcial y amenaza con responder con todo su arsenal. Añadiendo este también, al igual que hiciera Elon Musk, que va en serio y que no es un farol. Como quiera que le creo y le entiendo capaz de tal barbaridad, una vez analizada su trayectoria vital, le repito mi petición.
No mande a nadie más a que le hagan su trabajo, si así usted lo entiende. Si ese es su empeño y decisión, vaya usted mismo a donde quiera invadir y conquistar. Déjese de triquiñuelas y fanfarronadas y vaya usted el primero. Que bastantes han muerto ya por su decisión de regreso al pasado imperialista.
Por cierto, no estaría de más que le acompañen: Aleksandr Lukashenko, (presidente de Bielorrusia), Ramzán Ajmátovich Kadírov, (jefe de la República de Chechenia), Yevgeny Prigozhin Dmitri Utkin Konstantin Pikalov, (dueño del grupo militar mercenario “Wagner”), Isaías Afewerki (presidente de Eritrea), Kim Jong-un (tercero en la dinastía de dictadores de Corea del Norte), Bashar Al-Assad, (presidente de Siria), Vladímir Mijáilovich Gundiáyev (patriarca Kirill) y el resto de la oligarquía dominante. Ya que son quienes se están beneficiando de esta invasión anacrónica e infame.
Al igual que el resto de los nacionalistas y/o imperialistas trasnochados, es lo mismo, fijan el origen de su sinrazón el día que más les conviene. La excusa da igual (histórica, lengua materna, grupo étnico, política o religiosa) y el objetivo siempre el mismo: el poder, en forma de riquezas, territorio o mujeres (entendidas, no como iguales sino, como objetos de sus perversiones); intentando superar a Gengis Kan, fundador del imperio contiguo más grande de la historia.
Por ello le repito mi petición: Camarada Putin, ¡ve tú!












