Iba a escribir sobre que ya nadie se acuerda de que Floro y Barrilete eran los nombres de los policías municipales que salían en “Verano azul” porque ya ha pasado a segundo plano el rescate de cinco millonarios metidos en un submarino (véase a toro pasado la importancia del asunto) y pronto la gente empezará a escribir y hablar sobre Carmen Sevilla.
Porque Carmen Sevilla a sus 92 años, ha fallecido hoy 28 de junio.
Dije hace años que la cantante y actriz fue conocida casi más que por sus muchos logros por su simpatía y belleza y por aquello que decía de las ovejitas y del cuponsito cuando presentaba el Telecupón en Telecinco. Pero era más, mucho más que eso.
Su padre, Antonio García Padilla fue un conocido (el maestro Padilla) compositor y letrista de la época (años cincuenta y sesenta del siglo pasado), es decir, el arte le venía de familia.
Vivió en Extremadura, tenía una finca de 727 hectáreas ubicada en el término de Herrera del Duque. Tenía cerca de 2.000 ovejas (de las que hablaba en su programa de la Once) que cuando falleció su segundo marido (prefiero no hablar lo que me contaron de él) quería vender por 6 millones de euros.
Una adelantada a su tiempo -fue de las primeras actrices en salir en televisión española y también en ir a trabajar a Hollywood-, se separó en 1974 cuando aún estábamos en una dictadura y todavía estaba prohibido divorciarse.
Cuando leo “Carmen Sevilla, con bata de cola, pero cristiana y decente” o que en 2022 dicen que no reconocía a su hijo (lleva desde 2009 con Alzheimer, quién haya tenido un familiar con esa enfermedad sabe a qué me refiero) me acuerdo de que en los famosos y famosas su arte se convierte en algo secundario.
Es escribir Carmen Sevilla y acordarme de otros nombres de una España que ya no es: Lola Flores, Paquita Rico, Amparo Rivelles, Sara Montiel, María Dolores Pradera, Conchita Piquer, Marifé de Triana, Imperio Argentina, Rocío Jurado, Isabel Pantoja.
Si uno quiere quedarse con un buen recuerdo de la artista, puede ver cualquiera de sus más de sesenta películas o escuchar por ejemplo, el “Flamenca ye-yé” (de 1965) , canción que dicen fue también adelantada a su tiempo porque en ella se mezclan copla, flamenco, pop y rock.
Arte, carisma, simpatía, alegría, naturalidad y belleza y por supuesto, trabajo, mucho trabajo. Carmen Sevilla.












