La vida del escritor Jack London, a pesar de haber durado poco más de cuarenta años -dicen que era alcohólico y drogadicto y que puede se que suicidara o que simplemente se pasó con una dosis de morfina-, dio mucho de sí y no solo me refiero a los cincuenta libros que escribió en tan solo diecisiete años y que lo hicieron millonario.
De padre astrólogo itinerante -un oficio como otro cualquiera a finales del siglo XIX en EEUU- y de madre espiritista, otra que tal y que acabó casándose con un droguero, el que se convirtió en padrastro de Jack, su infancia tiene un punto de extrañeza.
Enseguida, con solo catorce años, el futuro escritor se largó de casa para ejercer el digno oficio de vagabundo.
Robaba lo que podía, viajaba y vivía en trenes de carga y hasta llegó a formar parte de un curioso “ejército industrial”, el de Charles T. Kelly que estaba formado por un puñado de parados protestando.
De estos “ejércitos” el más famoso es el de un tal Coxey que a partir de 1893 empezó una serie de marchas y protestas porque vio mal que en su país, EEUU, hubiera tres millones de parados. Pero yo de lo que quiero escribir es de Jack London y de su novela “Colmillo blanco”.
De este autor primero hay que leer “La llamada de lo salvaje” y luego “Colmillo blanco”, dos novelas de aventuras en las que los personajes principales son lobos, que transcurren en los hielos de Canadá, pero tampoco nada si se leen en cualquier otro orden.
Me centro más en “Colmillo blanco” por el componente filosófico que dicen que tiene. Y es que Jack London, que cuando se aburrió de sus vagabundeos y de no tener dinero se convirtió en un gran lector. Profundizando en los libros de Rousseau, Darwin, Nietzsche y Marx que eran lo más de lo más en aquellos años, algunas de cuyas ideas se ven reflejadas en esta novela.
La lucha por la vida, el superhombre (el super “perro lobo” en este caso), la potencia del miedo, la conveniencia o no de volver a lo salvaje, a la naturaleza a pesar de que el hombre es bueno por naturaleza, la importancia del aprendizaje… todo esto se puede resumir en lo que Jack London escribe en la página 69 del libro, cuando Colmillo blanco, un perro lobo mestizo -padre lobo, madre perra-, empieza a darse cuenta poco a poco, siendo cachorro -la novela está escrita desde la perspectiva y visión del perro lobo- de lo que iba a ser la vida:
“Su mundo era oscuro; aunque no lo sabía, ya que no conocía otro… su mundo era muy pequeño. Sus límites eran las paredes del cubil, pero como no tenía conocimiento del ancho mundo que había fuera, nunca se sintió oprimido por los estrechos confines de su existencia”.
Aquí quería llegar ¿Cómo es nuestro mundo de pequeño? ¿Cuáles nuestros límites? ¿Los conocemos? ¿Tiene algo que ver leer, vivir, experimentar, conocer, viajar, saber, escuchar, intentar comprender y razonar con las paredes de nuestro cubil?
Todo esto se me ha ocurrido por haber leído una novela de aventuras.
Fin.












