Leyendo un libro sobre corrupción en el fútbol español, llegué al Real Decreto 687/2005, de 10 de junio, por el que se modifica el Reglamento del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.
Si me encuentro un artículo de opinión que empieza como este, lo dejo de leer, lo reconozco. Quizá por este motivo no me voy a explayar mucho y me quedaré solo con dos asuntos, el de este Real Decreto también conocido como Ley Beckham y el “Caso Negritos”.
Según leo, ese RD se hizo en principio para que vinieran a trabajar científicos e investigadores a España. Consistía en que cobraran lo que cobraran, durante los siguientes cinco años y si demostraban que habían permanecido en España más de 183 días y trabajando para empresas españolas, cotizarían a Hacienda como sin fueran mileuristas.
Aprovechando dicha coyuntura, el fútbol español se llenó de estrellas y eso que solo podía tener a tres extracomunitarios por equipo.
Es curioso comprobar que -los pongo de ejemplo- Beckham jugó en el Real Madrid cuatro años, Zidane cinco. Ronaldo cinco. Ronaldinho cinco. Quizás pura coincidencia porque esos cuatro o cinco años abarcan 2005, pero también antes y después. Y más: Eto´o cinco -es raro que el último año, marcando 30 goles en 36 partidos se largara a jugar fuera de España- o Figo cinco años en el Madrid.
Son casualidades que como ocurrieron hace casi veinte años ya han prescrito y no tienen la mayor importancia.
El otro caso curioso es el de los “negritos” como así se llamó. Mucho más divertido donde va a parar.
Jesús Gil, presidente del Atlético de Madrid por aquellos entonces, le debía al club 2.700 millones de pesetas. Fue a un refugio de Entrevías, cogió a cuatro inmigrantes, se los llevó y los vendió al club como recientes fichajes, saldando con ello su deuda personal porque dijo que los había comprado con su dinero.
Se trataba de Lawal, Lima, Maxi y Djana. En internet leo que su valor estaba más cercano a las 2.700 pesetas que a los 2.700 millones de pesetas.
En el libro que leo ahora, reciente, el autor dice que por un reportaje de El País de 2006 supo que el nigeriano Lawal pocos años después (los fichajes fueron en 2000) estaba en el paro, el brasileño Maxi era obrero de la construcción, el senegalés Lima (Limamou Mbengue) pasó del Atlético de Madrid B al Badajoz, más tarde al Algeciras en tercera división y luego se retiró del fútbol con 27 años y el angoleño Djana había vuelto a su país como colaborador de una ONG.
Bernardo Matías Djana llegó a España con 16 años era aprendiz de carpintero en San Blas “y jugaba al fútbol en los ratos libres”. Lo “fichó” el Atlético de Madrid y después de la operación fue cedido al Rayo Majadahonda de Tercera. Ahí demostró que era muy malo para estas cosas del fútbol. Ganaba 50.000 pesetas (300 euros) al mes más el abono transporte”. Enseguida se olvidaron de él. Eso sí, para que luego se diga que los inmigrantes no sirven para nada.
Si al menos hubieran sido científicos…
Fin.












