O mejor aún: “¡Todo al rojo!”. Pareciera que el presidente de Gobierno y secretario general del Partido Socialista Obrero Español estuviera en el Gran Casino de Madrid y tras una noche aciaga hubiera doblado su apuesta. Cumplido ya el trámite de comunicación a Su Majestad el Rey.
Apenas repuestos de la noche electoral y sin tiempo todavía para hacer cábalas de pactos y acuerdos nos encontramos con esta noticia, sorprendente y sorpresiva, inesperada, en cualquier caso.
Si bien es cierto que Pedro Sánchez Castejón ha asumido como propio el retroceso de su partido en los comicios municipales y autonómicos nada hacía augurar el adelanto de las elecciones generales. El día siete de julio, San Fermín e inicio de la campaña electoral y el domingo día 23 de julio las elecciones generales.
Audacia o harakiri político, ni propios ni extraños se ponen de acuerdo. Conociendo al personaje cualquier interpretación puede ser la correcta. Ahora bien, teniendo en cuenta su capacidad de resiliencia todo es posible.
A derecha e izquierda se apresuran para estudiar la jugada e intentar entender a qué se debe. Los unos celebrando los buenos resultados de la jornada de domingo electoral y los otros lamiéndose las heridas por un nuevo retroceso consecuente con la disgregación y atomización crónica de esta izquierda cateta y cicatera, egoísta y “cortoplacista” en definitiva.
¿Voto útil o voto inútil? Tal vez por aquí vaya la intención de quien tiene la potestad y la atribución imprescindible para dar éste paso trascendental. Lo cierto es que las maquinarias electorales de los partidos se vuelven a reorganizar, ahora en clave estatal.
En fin, la eterna cuestión, las dos Españas, derechas o izquierdas, en un eterno día de la marmota. Concentración en los dos grandes partidos tras los experimentos fallidos y una vez comprados los chalets en Galapagar y los áticos madrileños de los salvadores de la patria.
Un siglo después y vuelta a empezar. Los personalismos e individualismos por encima de nuestra Nación, como si nada hubiera ocurrido desde entonces hasta hoy. Memoria débil la de los españoles, inferior incluso a la de Dory (personaje de Disney).












