El periodista Javier Ruiz con su libro “Edificio España: Peligro de una desigualdad”, premio Espasa 2022, reflexiona sobre cómo profundiza la polarización entre ricos y pobres. En el sótano del edificio hay un veinte por ciento de extrema pobreza que cada vez escarba más, intentando encontrar una salida. En los pisos de arriba, la pirámide se estrecha y una minoría controla un máximo de riqueza. Los pobres son cada vez más pobres, incluso muchos de los asalariados, y los ricos más ricos. Sin duda, desde la crisis de las suprime, con el gobierno austericida de Rajoy, comenzó a joderse todo. El salario diferido que recibíamos a través de los servicios públicos se estranguló y eso ha provocado el colapso, salvado “in extremis” por el Gobierno de coalición.
Que el presidente de la CEOE diga que plantear el discurso entre ricos y pobres provoca radicalidad, nos informa del grado de psicopatía social del que están imbuidos muchos de nuestros moderados próceres. Warren Buffett, una de las mayores fortunas del mundo, que nada tiene que ver con los bolcheviques, dice no entender cómo paga él un ocho por ciento por sus beneficios y su secretaría, un veintiocho por ciento por su salario. Sin impuestos no hay Estado.
En el Edificio España, tocando el cielo, lloran las plañideras al unísono y su coro de músicos de un sistema en liquidación entona un réquiem, anunciando el caos fuera de la moderación. También por eso, a los muertos hay que dejarlos en paz en las cunetas. ¡Seamos moderados!
Que sepamos que cada “españolito” deberá pagar de su bolsillo 2.200 euros, porque la Banca no devolverá los sesenta mil seiscientos millones de euros, es radicalismo, mientras se anuncien grandes partidas a repartir para los consejos de administración en vista de los buenos resultados de la banca. Cuando Luis de Guindo, ministro del PP, anunciaba el rescate a la banca, nos tranquilizaba con su moderación: “Me gustaría especificarlo muy claramente, aquí no hay un coste para los contribuyentes españoles”. “El rescate no nos va a costar ni un euro”. Eran mensajes tranquilizadores y moderados. Hoy, este mismo señor nos traslada los riesgos de poner un impuesto a los Bancos, porque puede colapsar los créditos. Al parecer, la radicalidad no puede ser impulsar un impuesto sobre beneficios extraordinarios con una temporalidad de dos años que no sobrepasan los tres mil millones de euros.
Nos pidieron moderación para encontrar una salida de gobierno que no pasara por un acuerdo entre PSOE-UP. Cualquier gobierno no acordado con fuerzas autodenominadas “constitucionalistas” era un Gobierno Frankestein y están a punto de cerrar, por tercer año consecutivo los PPGGEE, siendo los más sociales. En este contexto, las medidas aplicadas por el Gobierno de Progreso hacen que seamos el segundo país con menos inflación y con mayor crecimiento dentro de la posible recesión anunciada por los apóstoles de la catástrofe. Imaginen por un momento que en esta crisis hubiésemos tenido un gobierno cuya estrategia hubiese sido bajar impuestos y resolverla con ERES, recorte de prestaciones…
Las plañideras y los moderados no pertenecen a esa tasa de pobreza que han provocado dos crisis seguidas, ninguno de ellos pertenece a esa tasa del treinta por ciento de jóvenes desempleados en nuestro país. Moderación para subir los salarios cuando la inflación está en un 7,3% . Lo moderado, para la CEOE, es esperar a que la inflación llegue al 3% para firmar convenios con subidas no superiores. Eso no es moderación, es desestabilización y golpismo soterrado. Aunque eso sí, yo no soy un moderado.
La subida salarial del SMI tiene que ser moderada porque si es radical, perderemos empleo, cerrarán las empresas y la economía hará aguas. Y mira por donde, tenemos la cifra histórica de veinte millones y medio de trabajadores y mayor afiliación a la S.S. que nunca. Sí, lo moderado sería votar a los moderados para que acaben, de nuevo, con los derechos sociales conseguidos en los últimos cuatro años.
Me asomo a la plaza de mi pueblo y hablo con la gente que abre la persiana de su negocio, que acude a su trabajo, que solo quiere vivir radicalmente con dignidad. Mientras, suenan altavoces de moderados que taladran nuestras vidas, provocando el hartazgo de su bazofia y los lloros vergonzosos de las plañideras bien pagás. Me dicen que hay que arreglar en el Edificio España, radicalmente, los ascensores sociales con impuestos.












