Es curioso, en el Diccionario de la Real Academia Española hay dos acepciones para esta palabra y ambas confluyen en la confesa, todavía presunta, mano ejecutora del finado vecino de Hinojal. En primer lugar, se trata del funcionario subalterno de un Ayuntamiento o Juzgado. En segundo, del agente ejecutivo que está a las órdenes del presidente en las corridas de toros.
Más aún, se define como alguacil al oficial público o ministerial nombrado por el Poder Judicial, investido por la ley para realizar labores de notificación de actos judiciales y extrajudiciales, citaciones, así como la ejecución de los aspectos civiles de la sentencia y otros que la ley ponga a su cargo. También a quien se encarga de mantener la seguridad y el orden.
José María Lindo Magdaleno, el alguacil de Hinojal, se ha declarado culpable o al menos es lo que se desprende de las investigaciones que se llevan a cabo en el marco de la operación “Recuera”. Él es quien ha declarado y señalado el lugar donde se ha encontrado el cadáver de Vicente Sánchez Rivero. En el paraje conocido como La Vaquera (Regato Hondo) de la dehesa boyal de la finca Casasola del municipio cacereño.
Quien acompañara como chófer, alquilado y pagado, tantas tardes de toros al hoy difunto, al parecer, se erigió en verdugo de su compañero de festejos taurinos. Alguacil y ejecutor, cumpliendo de éste modo la literalidad de la definición anteriormente expuesta.
Elvira y Tirsa, hermanas de Vicente y residentes en el mismo pueblo, nunca pudieron imaginar que aquella suerte de hace ocho años, cuando a su hermano le tocó la Bonoloto, sería, “a priori”, la razón directa o indirecta del fatal desenlace, tornándose, de medio de una mejor vida, a móvil y razón de su muerte.
Curioso resulta, además, que este aficionado taurino hinojaliego apenas saliera de paseo al campo, a las dehesas. Medroso por el ganado de lidia que pasta en las fincas de su término municipal y poco amante de los perros, prefería andar y desandar el tramo desde su casa al bar Géminis.
Menos de cuatrocientos paisanos del menguante, sorprendido y entristecido, censo del municipio que calla por el luto y la consternación, si no rabia contenida, por el hecho luctuoso, vil y cobarde, en cualquier caso, por acción u omisión. Agravado por el silencio y la ocultación hasta el siete de marzo. Cuarenta días de silencio, cuarentena de difícil e inhumana explicación.
El cadáver del asesinado, Vicente, en paciente y obligada espera para poder ser sepultado en su localidad natal, con el cariño póstumo de familiares y amigos o, lo que es lo mismo, de todo el pueblo. Aunque bien visto, será por todos los hinojaliegos menos uno, al menos uno… que faltará en éste, su último viaje. No podrá cobrarle ni aprovecharse de su fortuna, ya que otro será su postrer chófer hacia el camposanto de Hinojal.
El presunto asesino, chófer pirata y sustituido, aguarda impaciente a que finalicen las investigaciones en curso, en la prisión provincial de Cáceres, por delitos de homicidio, estafa y robo con violencia. Todo ello le ha llevado a estar en prisión provisional, comunicada y sin fianza.
Descanse en paz, don Vicente Sánchez Rivero.












