Hasta tiempos recientes se reservaba la figura del mediador para definir al profesional que interviene en la preparación de un contrato de seguro o reaseguro, en su celebración o en su gestión y ejecución.
Actualmente, gracias a la clase política imperante o mejor dicho a la falta de clase de los políticos contemporáneos, se ha ampliado la definición y el ámbito de actuación de éste selecto grupo de profesionales de los que desconocemos su formación ni su aptitud mediadora.
Entendemos que el mediador debe estar en posesión del título oficial universitario o de formación profesional superior, y contar con la formación específica para ejercer la mediación, que se adquiere mediante la realización de uno o varios cursos específicos impartidos por instituciones debidamente acreditadas.
El nominado por Carles Puigdemont es el diplomático salvadoreño Francisco Galindo Vélez que, al parecer por falta de trabajo donde ejercer su magisterio en El Salvador, ha de venir hasta Suiza, país neutral, para intentar poner de acuerdo a ambos indignos mandatarios.
A vueltas con el mediador exigido por el cobarde y prófugo Molt Honorable Señor Carles Puigdemont i Casamajó y creyendo que ya no cabía mayor disparate, aparece en escena un nuevo personaje, mediador también, para ejercer de árbitro entre el presidente del Gobierno y el presidente del Partido Popular.
Entre trileros, tahúres y estafadores callejeros anda el presente y el futuro de España. Cómo será la cuestión que ellos mismos no se fían de la palabra dada ni de los acuerdos alcanzados y solicitan la mediación de una persona que vigile el cumplimiento de lo pactado.
A la espera de la designación del experto en el juego de los triles, sirva la metáfora para designar las acciones de aquellos que pretenden burlar, unos a otros, con burdas engañifas.
Mientras tanto el Rey de celebraciones y clamando al cielo en discursos de Navidad, los españoles por su parte ocupados y distraídos con la droga del siglo XXI que suponen las redes sociales, paraíso irreal donde consumir nuestro tiempo y por ende nuestra vida e inteligencia.












