Al aparcar mi coche de ruedas a las once de la mañana enfrente de la Real Academia de Extremadura en Trujillo me he hecho una autofoto y la he enviado a mis íntimos con este texto «De nuevo soy académico activo».
Como «El hombre de los palos» he saludado a don Martín Almagro Gorbea y señora. Enseguida he sentido empatía con él. Nos leíamos, pero no nos conocíamos personalmente. Es de mi generación, el de la generación de los hijos de catedráticos, yo de la generación coetánea que llegamos a la Universidad gracias al esfuerzo de aquellas becas que no te regalaban.
Ellos y nosotros hemos mantenido la llama de la ciencia libre del Centro de Estudios Históricos.
Martín Almagro Gorbea es el tercer académico de honor que lee su discurso de ingreso en la Real Academia de Extremadura. A la lectura del primero, el americanista Miguel León Portilla, no pude asistir, pero a partir de 1988 oí muchas referencias de mis compañeros académicos fundadores.
Al segundo académico y último que leyó el discurso de ingreso Alonso Zamora Vicente tuve el honor de contestarle cuando ingresó en la Real Academia de Extremadura en el Convento de Santo Domingo de Mérida.
Al tercero, el de hoy, Martín Almagro Gorbea, lo he escuchado con atención y le he aplaudido a rabiar su magistral discurso.
He conseguido un ejemplar del discurso en libro impreso con su firma, la firma de un sabio de mi generación, al que siempre he admirado y desde hoy me he hecho ya su lector adicto.
Cuando escucho a alguien y me persuade con el contenido de su discurso me entusiasmo y me convierto en lector de su obra.
Un discurso excepcional en un excelente marco, en el que he podido saludar a numerosos amigos y me he hecho admirador del alcalde de Medellín.
Algo tendrá de singular del nuevo Académico de Honor de la Real Academia de Extremadura que un pueblo con tanta historia (Recuerdo lo escrito por Luis Chamizo sobre esa localidad y el deseo chamiciano de que en Madrid tuviera Hernán Cortés una estatua o monumento, idea que apoyó don Jacinto Benavente) haya honrado como hijo adoptivo a un investigador de mi generación como es Martín Almagro Gorbea.
Mi enhorabuena, don Martín. Vidas largas para todos y Vidas largas para la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, que en años sucesivos debe conseguir el mismo tratamiento económico en los presupuestos de la Comunidad Autónoma de Extremadura que el que ahora tiene la Academia Europea de Yuste.
Europa no se puede celebrar si no se celebra Extremadura, del mismo modo que no se puede comprender Lusitania si no se da a conocer Extremadura. Lusitania y Extremadura. Extremadura y Lusitania. Europa y Extremadura. Extremadura y Europa.
La Europa de Martín Almagro ha estado presente hoy en los orígenes pre-Viriatos y Viriatos de Extremadura.
Escuchar en boca de Martín Almagro los valores ibéricos exaltados por Joaquín Costa en el derecho consuetudinario, los dictados tópicos y en teoría ibérica costiana de la Península Ibérica ha sido un gozo para mí, nacido en San Esteban de Litera, localidad vecina de Monzón, la cuna de Joaquín Costa. Desde luego, la cultura es algo que no se puede comprar con dinero, sólo se consigue con el esfuerzo. Martín Almagro Gorbea es un gran esforzado de mi generación, que ha sabido distinguir lo bueno de lo malo que nos ha transmitido la llamada «Generación de las Cátedras» de los años 50 del siglo pasado.












