En EEUU se publicó hace siete años un libro, titulado “Extraños en su propia tierra”, en el que la autora, la socióloga Arlie Russell Hochschild, cuenta los motivos por los que la gente de clase media-baja o baja vota a la derecha.
Para escribir este libro Arlie Russell Hochschild viajó a las profundidades de Luisiana (en este Estado del sureste americano son tan «reaccionarios» que a los condados, provincias o regiones los llaman parroquias…) del que dicen es el bastión de la derecha conservadora estadounidense, cuyas características son los valores cristianos, los de la familia tradicional, se oponen a la eutanasia, al aborto, al matrimonio entre personas del mismo sexo, son ultracapitalistas y están a favor de privatizar todo y en contra de los sindicatos y también a favor solo de su país y su bandera, del libre comercio, la privatización y en contra del comunismo, sin más planteamientos.
Las personas con las que habló en Luisiana, son personas con preocupaciones que -dice- comparten todos los estadounidenses (y yo diría que muchas de las familias occidentales): el deseo de comunidad, la aceptación de la familia y esperanzas para sus hijos.
Además, Hochschild encontró vidas destrozadas por salarios estancados, la pérdida del hogar y personas que se sentían estafadas por el famoso y escurridizo sueño americano..
Por eso, cuando uno imagina que esas personas han sido engañadas para votar en contra de sus propios intereses, la autora del libro -escudándose en su especialidad, la sociología de las emociones-, va más allá.
Cuestiones así son dignas de estudio y de análisis por parte de las izquierdas, que da igual lo que digan o hagan, a veces, se ven superadas por la realidad.
La sociología estudia la sociedad humana -familia, iglesia, escuela, partidos políticos…- y las relaciones entre estos estamentos en los llamados actos sociales.
Hasta se podría decir que lo de ayer -el día de elecciones- fue un acto social más, en dónde más de una persona disfrutó casi igual del conteo de votos que del de las puntuaciones de Eurovisión.
Famosa es una frase que se decía en los años ochenta del siglo pasado y que puede que siga vigente: “Cuando EEUU tose, España (y el mundo entero) se constipa”, que quiere decir que lo que ocurra en EEUU, años después llegará a España, en referencia en este caso, al trumpismo.
“Trumpismo” (que fue en 2016 la segunda palabra más utilizada en Inglaterra después de “Brexit”) no significa fascismo: Trump nunca quiso ni quiere destruir el sistema ni abolir las instituciones democráticas sino aprovecharse lo máximo de él (sin escrúpulos, ética o moral), las cosas de la economía global y el neoliberalismo.
No hace falta decir que -más en las autonómicas que en las municipales dónde la gente muchas veces vota a la persona, más que a la «ideología»- los «métodos» de Trump (otros hablan de Steve Bannon, otros se remontan a Goebbels) han influido en el resultado final electoral de ayer, que puede resultar una onda expansiva o reflejo de lo que vendrá en octubre en las elecciones generales.
En definitiva: aunque “moleste” y mucho lo absurdo, lo contradictorio o paradójico que pueda resultar que muchas personas voten en contra de sus propios intereses a medio y largo plazo estaría bien respirar profundamente y hacer lo que pedía Arlie Russell Hochschild: estudiar por qué el individuo a menudo trabaja en inducir o inhibir sentimientos para hacerlos apropiados a cada situación”, quizás así se llegue a alguna conclusión interesante.
Y termino con un ejemplo de un artículo de Arlie R. Hochschild: “Un examen de las diferencias de clase en la crianza de los niños sugiere que las familias de clase media preparan más a sus hijos para el manejo de las emociones y las familias de clase trabajadora los preparan menos. De esta manera, cada uno prepara a sus hijos para reproducir psicológicamente la estructura de clases”.
Pero esto no tiene nada que ver con los resultados que se dieron anoche en las elecciones municipales y autonómicas. O sí.
Fin.












