Enrique J. Carrero durante el ofrecimiento a la presidenta Guardiola de parte de su obra.
En Plasencia, de tarde en tarde, también se manifiestan pulsiones de cambio que resisten a la dormidera del último decenio. No me extraña que haya pasado desapercibida la entrevista entre la Presidenta de Extremadura y el pintor e hijo adoptivo de Plasencia, Enrique Jiménez Carrero. Imagino a mi paisano un tanto cansado de ser un extraterrestre en su ciudad, cruzando el Tajo y llamando, otra vez, a la puerta de nuestra Administración para ofrecer un amplio repertorio de su obra a Extremadura y posibilitar un reclamado museo para la Capital del Norte. De paso, la Diputación podría adecentar la Casa del Deán y regalarnos un espacio necesario para poner una pica en Flandes.
Un síntoma preocupante que una noticia tan importante haya pasado desapercibida para los medios de comunicación, para la ciudadanía y para el propio alcalde. Como digo, no me extraña un silencio propiciado por la anestesia institucional y colectiva en la que se envuelve la atmósfera mortecina de la Capital del Norte.
Que a estas alturas se niegue el agravio que sufre la ciudad, tratándonos con displicencia de localismo barato, sería persistir en el error por parte de la Junta de Extremadura y por la propia oposición, en la que han navegado ambas en los últimos lustros.
La demanda impagable y la oferta que ha hecho Enrique J. Carrero, viene a abundar en el desierto cultural que ofrece Plasencia y que debería ser el mascarón de proa de la reivindicación para un consorcio cultural, financiado por todas las administraciones, que marcase una propuesta cultural estable. Que nuestros políticos no hayan caído en la cuenta del potencial histórico de nuestra ciudad en arte sacro o contemporáneo y arqueológico, sólo puede deberse a una miopía o mala fe. Y para cuando el desarrollo y potenciación del Palacio de Congreso, creando una Institución Ferial en una encrucijada de caminos sin infraestructuras para una quinta parte de Extremadura, que sea un ancla de empleo y dinamización social…
En Plasencia, al fin chispea, porque los empresarios de Martín Palomino comienzan a darse cuenta de que la avenida es un “muerto” para la nueva administración. Treinta años de degradación y cuando creíamos que llegábamos a la orilla de su puesta a punto, David Herrero, director de Infraestructura, nos visita en Plasencia para diagnosticar que este vial es un “muerto”. Según él, el acondicionamiento de 12 millones de euros deberá “pasar necesariamente por la consecución de los fondos europeos”. Afirmar que para esta obra, “los extremeños no tienen que poner un duro”, es no asumir que esta avenida fue traspasada al gobierno extremeño hace dos años y es una competencia, hoy por hoy, de nuestra administración autonómica. Al mismo tiempo, la Junta de Extremadura parece estar dispuesta a asumir la cofinanciación, con dinero de los extremeños, del soterramiento del AVE a su paso por Navalmoral. Que María Guardiola nos lo explique.
En los Presupuestos de Extremadura para 2024, la inversión para su acondicionamiento es de cero euros. Fernando Pizarro no presenta ninguna enmienda que prevea su financiación y el exconcejal placentino, Luis Escanilla y ahora diputado del PP en la asamblea extremeña se opone en votación a las enmiendas presentadas por el PSOE. Habrá que estar al tanto del cierre de PPGG del Estado, en el que se avanza una financiación inicial de quinientos mil euros para el inicio de obras. A todas luces insuficiente. Me da que a los dos gobiernos habrá que animarlos a la negociación y a los compromisos para que el año próximo esté finalizado Martín Palomino. En Plasencia, parece que chispea, pero si queremos que llueva de verdad, los empresarios tendrán que llamarnos a la movilización. Me temo que no hay otra. ¡Qué llueva a cantaros!













Nunca mas alacaldes como el Sr. Pizarro exentos de capacidades personales y profesionales para el Buen Gobierno.