Con el paso de los años uno busca el equilibrio, un término medio entre las pasiones y los “venirse abajo”, entre lo que uno gana y lo que gasta, entre el ejercicio físico y la moderación, hasta se vuelve morigerado en sus hábitos alimenticios y etílicos.
En todos los aspectos, cumpliendo años, uno se va dando cuenta de que en la vida, para tener cierto bienestar, hay que saber reaccionar con equidad física, ética, social, moral y psicológicamente.
A Robert M. Sapolsky, un señor al que no conozco de nada, profesor de ciencias biológicas y neurología, le publicaron un libro en el que analiza, entre otras muchas otras cuestiones, qué sucede en nuestro cerebro un segundo antes de que reaccionemos y nos comportemos de una forma u otra.
Se trata de “Compórtate. La biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos”, publicado en España en 2017 por la editorial Capitán Swing y traducido por Pedro Pacheco González.
El equilibrio es la “situación de un cuerpo que, a pesar de tener poca base de sustentación, se mantiene sin caerse”. Eso es.
A veces, mantener la estabilidad y la proporcionalidad cuesta. Hay cientos de ejemplos en la sociedad, el periodismo, la política, el deporte y en el día a día.
No sé si Sapolsky cuenta algo de esto en su libro de casi mil páginas. Lo voy leyendo a salto de mata, lo abro por cualquier capítulo y disfruto aprendiendo.
Un día leí que la piel de gallina en los humanos no sirve para nada y que es consecuencia de la evolución. Y es que la evolución puede moldear el comportamiento humano.
Sapolsky dice que los organismos están asombrosamente bien adaptados. Hay un roedor del desierto que tiene riñones que retienen agua de una forma excelente. El corazón de una jirafa es gigantesco, lo que le sirve para bombear suficiente sangre al alejado cerebro. Los huesos de las patas de los elefantes son fuertes para aguantar el peso de su cuerpo. Todo en pos del equilibrio.
Anatomía, fisiología y comportamiento, todo está relacionado. Todo busca el equilibrio.
Me pongo a pensar en los miles de impactos visuales y sonoros que recibo día a día por la publicidad en televisión e iternet por culpa o gracias a los medios de comunicación y algo no me cuadra, como si algo no fuera bien o que el hilo que mantiene todo en equilibrio cada vez es más fino. Quizá sea culpa de Sapolsky. O de leer a Sapolsky.
Buscando equilibrio, firmeza y seguridad, que algo tienen que ver con la consistencia, el aplomo, la armonía, la solidez y hasta con concordancia y la igualdad, pasan los días y como decía un amigo mío, «que no falte de ná».
Fin.












