Al final resultará que los más de cuarenta y siete millones de personas que nos sentimos orgullosos de ser españoles estamos equivocados. Empiezo a sospechar que ser español es un error vital.
A vueltas con el traslado del domicilio social de la multinacional Ferrovial desde España hacia los Países Bajos de impuestos, desde Berzocana al quinto pino y me quedo corto, que ya hay que tener ganas de cambiar Extremadura por aquellas tierras y lodazales, húmedos en demasía.

Aún dudo que el presidente y primer accionista de Ferrovial cambie las dehesas por los campos de tulipanes, mientras la mayoría de los jubilados europeos sueñan con venirse a nuestro país resulta que, don Rafael a sus sesenta y cuatro años, emprende camino en sentido inverso. ¿Será que el sistema de pensiones holandés es mixto, combinando una parte pública de reparto con otra privada de capitalización basada en la relación laboral? Rotundamente no.
Nos extrañamos cuando el propio Rey Juan Carlos se autoexilió en los Emiratos Árabes Unidos. Desconfiados hay que explicar la decisión del emiratí de facto porque en aquéllas arenas conserva sus privilegios y mantiene su condición de inviolable, al menos en la cuestión fiscal.
Igualmente, digno de análisis es que los deportistas españoles de élite duden si domiciliarse en Suiza o Andorra.

Alguno de estos patriotas de boquilla, asistirán a los Juegos Olímpicos de París 2024 representando a España y al tiempo permanecerán en la distancia fiscal e impositiva. ¡La pela es la pela!

Qué decir de nuestro símbolo patrio, romántico descubridor de la reina de corazones, de Porcelanosa, de Ferrero Rocher y de las revistas del corazón. Cantante de fama internacional y defensor a ultranza de la Comunidad Valenciana, por supuesto desde Miami y junto a su esposa Miranda, casualmente también oriunda de los Países Bajos. ¡Hey!
Todavía más recientemente, los denominados creadores de contenido y marcadores de tendencias líderes en internet son quienes han emigrado en tropel a Andorra (youtubers, blogueros, tuiteros, influencers, tiktokers y demás artistas).
El último inteligente en “alardear de español” ha sido un superviviente, jerezano y ganador de un concurso televisivo, que a cambio de pasar hambre voluntaria y en horario de máxima audiencia cobró la bonita cantidad de doscientos mil euros. “Ipso facto” declaró indignado que no todo era para él y se quejó por pagar impuestos.
Y me pregunto: ¿qué habrá estado haciendo la criatura hasta ese momento?, ¿cómo creerá que se pagaron los sueldos de los funcionarios que intervinieron y trataron a su hijo, cuando lo necesitó?
Tras lo expuesto, tal vez no sería descabellado convocar un concurso de ideas para dotar de letra al himno de España y esperar el resurgimiento del sentido patriótico que engrandece a otras naciones. Si fallase no quedaría otra opción que reimplantar el servicio militar obligatorio, mixto y con jura de bandera, además de la imprescindible misa dominical. Esto o aceptar por fin que ser español es un error vital. ¿Españoles?












