Javier Salvago, el guionista de ‘Cuerda de presos’, del que leí que ayudó a Jesús Quintero a escribir este libro que empieza con una frase de Gandhi: «Son violentos porque están desesperados», le comentó a Jordi Évole que «la cárcel no está llena de monstruos; la mayoría son personas a quienes la vida les puso al límite.»
Uno se llega a preguntar si un libro como el de la imagen -de 1997-, escrito con nombres y apellidos -Rafi Escudero, en una celda de El Dueso; Alfredo Evangelista, un campeón entre rejas; Rafael Medina, duque de Feria, en Sevilla I…- se podría escribir hoy en día.
Jesús Quintero, en la página 163 del libro, dice que para hacer «Cuerda de presos» compartió con los condenados -durante los tres meses que pasó visitando más de treinta cárceles y hablando con más de cien reclusos-, paseos, confidencias, comidas, cigarrillos, sueños, recuerdos, sentimientos».
Al final del libro cuenta qué fue de todos y cada uno de los presos entrevistados para el programa de televisión y el libro. Unos se suicidaron, otros acabaron en centros psiquiátricos, algunos obtuvieron el tercer grado, o el segundo o están en régimen de semilibertad y los hay que consiguieron la libertad condicional o la libertad plena.
Hoy, en el día del fallecimiento de Jesús Quintero a los 82 años, me acordé de él. Y de este libro.
«Me veo encarcelado con un rostro que no es el mío,
y siento su dolor sordo y constante».
Walt Whitman












