Día doce de octubre, día de la Fiesta Nacional de España, la una de la tarde y en el campo, en mitad de la dehesa, para no perder las buenas costumbres, telefoneo a Julio el Portu, 606 28 35 77, para que nos reserve una mesa para ocho comensales y casi le da un infarto.
¡Imposible!, todo reservado, (vamos que ha colgado el cartel de completo: “No hay billetes”, como en las mejores tardes de toros en Las Ventas o en la Real Maestranza). ¡Imposible!, me repite, pero… (y aquí, justo aquí, en ese “pero…”, entiendo que sin duda hoy vamos a tener la fortuna de cara), pero… Reitera el de Barbaño, ahora te llamo…
¡Que sí!, que os vengáis para el restaurante, ya veré dónde os hago un hueco…
Más de doscientos comensales en lo que bien podría entenderse como una celebración de boda de pueblo, ecléctica y casi anárquica, mesas hasta en los magníficos jardines de este rincón exclusivo para privilegiados rurales, donde todavía resuenan las risas y chascarrillos del día anterior.
Tercera o cuarta inauguración, ¡ya ha perdido la cuenta!, la que se celebró la víspera del día del Pilar, de la Hispanidad y de la Fiesta Nacional, y Julio el Portu me explica con detalle las anécdotas de los invitados ilustres que han tenido la suerte de participar y contribuir a lo que ya podría definirse como un milagro.
Es cierto, que milagro sencillo, pues teniendo a Nuestra Señora la Santísima Virgen de Barbaño a doscientos metros… ¡Así cualquiera!, con semejante ayuda y el esfuerzo ímprobo de una familia de barbañeros que, día y noche, trabajan como leones, siquiera sea por seguir la estela y ejemplo de sus antepasados colonos y vaqueros de frisonas de leche.
Pero volvamos al día de autos, día de las Pilares, el restaurante hasta arriba y aún llega una familia de rezagados que, al igual que nosotros encuentra cobijo, si no parada y fonda, en la nave de El Corral del Rey de Barbaño. ¡Qué arte!
Pues arte hay que tener para atender a doscientos comensales, cada uno de su madre y de su padre, en poco más de tres horas. Diez camareros y seis en cocina, Julio e Isa de un lado a otro de la enorme nave que, en principio nos parecía un transatlántico y, actualmente, ha encogido y se ve más reducida, apenas una barquita de remos como las del Parque del Retiro madrileño.

Repito: parada y fonda, pues lo que se ha inaugurado esta semana es el precioso Hotel Rural Irina, anexo al restaurante, motivo de orgullo para todos los barbañeros que, en mayor o menor medida, han contribuido a que este sueño milagroso se haya materializado.
Doce amplias y modernas habitaciones que, cual vigilantes, escoltan a la piscina central. Una docena de lugares cómodos y bien amueblados, rurales y lujosos al tiempo, a medio camino entre las dos capitales, Mérida y Badajoz, próximos a la autovía A-5, que son una alternativa perfecta para viajeros que busquen un trato familiar y cercano, diferente al habitual.

De este modo se unen la mejor gastronomía de la comarca y el descanso necesario para propios y extraños interesados en los hallazgos arqueológicos de la villa romana Torre Águila, en la ornitología y naturaleza de las dehesas cercanas o en las diferentes labores agronómicas de los regadíos de las Vegas Bajas del Guadiana.
Nos permitimos cerrar este artículo con la fotografía de nuestra familia, fiel reflejo y notario de la visita guiada por nuestro “Cicerone Julius Portus” de las nuevas instalaciones que, con tanto gusto y cariño, nos ofrecen nuestros amigos del Hotel Rural Irina, en Barbaño.














Solo se puede definir de una manera… Julio es Julio y es un crack.